Enric Corbera: “La bioneuroemoción es una experiencia”

por Silvana Nicola

Aceptar a los demás tal como son, hablar de sí mismo y no de otros, aprender de cada experiencia, evitar hacer juicios y no anclarse en posicionamientos a ultranzas. Éstas son algunas de las enseñanzas de Enric Corbera. El español, creador del método de la Bioneuroemoción y fundador del instituto que lleva su nombre, regresa a Uruguay y dictará —desde hoy y hasta el 22— el seminario Aprender a desaprender: introducción a la Bioneuroemoción. Este año ya visitó Montevideo y ante más de 850 personas dictó la charla Los mitos de la felicidad. A continuación un extracto de la charla que mantuvo con Eme de mujer.

Ver más: Enric Corbera presenta en Uruguay su método Bioneuroemoción: coherencia emocional y equilibrio entre cuerpo, mente y emociones

—¿Cómo se presenta ante los uruguayos que aún no lo conocen?
—Soy un investigador incansable en busca de la libertad emocional de las personas. Un hombre muy sencillo que comparte algunas experiencias y que, con sorpresa, constata que ha generado un boom que nunca había pensado. Quizá mi gracia sea, explicar algo que la gente sabe y no tiene conciencia de que lo sabe.

—¿Qué es la bioneuroemoción?
—Es una experiencia, algo que debe vivenciarse e integrarse, que son las polaridades, entendiendo que éstas dan sentido a la vida. Sin polaridades no vivimos. No hay bien sin mal, luz sin sombra, masculino sin femenino, polo positivo sin polo negativo, yin sin yang…

—¿Cómo fue su camino ?
—Tengo formación diversa. Soy Ingeniero Técnico Industrial, Naturópata, Sofrólogo y me licencié en Psicología. Trabajaba como ingeniero cuando tuve una crisis existencial y tomé conciencia de que lo que hacía no me llenaba, aunque ganaba mucha plata. Tenía 33 o 34 años, cuando cambió todo, mi vida, mi matrimonio. Hubo una necesidad espiritual. A los 44 años empecé a estudiar psicología y aquí estoy: soy una persona que busca el autoconocimiento a través de la pantalla del mundo, de lo que me rodea. Siempre digo que Un curso de milagros, un libro que una clienta me regaló en 1993, cambió completamente mi vida. Ahí surgió todo: la conciencia no dual, el sanar la mente, llegar a una percepción inocente, la interpretación…

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—Enumera estas características y parece que describiera a los niños. ¿Deberíamos ser más inocentes?
—La frase “Hasta que no seas como un niño no entrarás al reino de los cielos”, es eso. Una mente que no juzga, una mente que sabe que no comprende y lo que está viendo es una interpretación y que puede utilizar esa proyección para conocerse a sí misma. Lo que te gusta o te disgusta te sirve a tí. De hecho, “Si querés conocerte no tenés que buscar en tu interior, solamente con que observes lo que te rodea o lo que proyectás, sabrás lo que tenés que sanar o trascender”.

—¿Dios los cría y ellos se juntan?
—Si partimos de la base de que todo es resonancia y vibración, la frase cuadra perfectamente. Conocés a una persona y te cae bien, pero a tu amigo no. La pregunta es: ¿qué me molesta? ¿por qué me resuena?

—Usted dice que hay que moverse y no colocarse en el lugar de víctima.
—Podés tener condicionamientos, pero podés decidir. Lo grave del ser humano es que se da una explicación. La gente cuenta su verdad, pero eso es lo que se explica. Cuento una historia, la repito, me la creo. La verdad es la madre de la mentira. Hay que dejarse de explicar, de justificar cosas, es necesario tomar conciencia y ser quien quieras ser, sin culpar a los demás. La gente espera cambiar lo de afuera, cuando el cambio está adentro. Creemos que nuestra felicidad, nuestro bienestar, nuestro estado de paz interior, depende de qué hagan los demás, pero depende de cómo cada uno lo viva, nada más ni nada menos.

—¿Qué hace cuando encuentra a una persona muy escéptica?
Nada. Lo último que quiero hacer es convencer a alguien de nada. A mí la gente me llama, no llamo a ninguna puerta. Me invitan de universidades, escuelas, grupos, si no me llamase nadie no iría a ninguna parte. Puedo decir que jamás he ido a un sitio donde no haya sido convocado.

—¿Es maestro y es alumno?
—Sí. Siempre digo que soy alumno de los grandes maestros de la vida, que son las circunstancias. Me encuentro una dificultad y sé que esa dificultad viene a mi para que aprenda a ser más maestro.

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—Y si la situación se repite ¿eso significaría que uno no aprendió todavía?
Eso dijo Carl Gustav Jung. Si no tomás conciencia de las situaciones que te presenta la vida, forzás a la conciencia cósmica para que la misma situación se repita una y otra vez, hasta que aprendas lo que tenés que aprender.

—Las personas que quieren desaprender y volver aprender, ¿pueden hacerlo?
Desaprender implica dejar de creer en tus verdades, de ser dogmático. Tenés creencias que te han enseñando, vale, es una forma de entender al mundo, pero no es verdad, es mentira, es una interpretación. Cuando empezás a tomar conciencia de eso, seguís haciendo lo que hacés siempre, pero le quitás una fuerza emocional y como ya no alimentás esa creencia; llega un momento en que se transforma en otras cosas y se abre tu conciencia y ves las cuestiones de otra manera. Podés creer lo que quieras, pero todo es una forma de ver e interpretar al mundo. Todo tiene su razón de ser. Es así de simple. Hay que aprender a respetarse y respetar.

—Lo dice y parece fácil. ¿Cuál es el truco?
—Cuando empezás a aplicar en tu vida cotidiana estos conceptos, que es lo que hago, no hay incoherencias. Mi vida es una conferencia andante, tal como hablo es como vivo. No tengo dos discursos, eso lo saben quienes me conocen.

—¿Cómo se hace?
Si existiera un como, se vendería. No hay un como.

—¿Y si alguien le pregunta por dónde empezar?
—Si alguien pregunta, es porque está abierto a tomar conciencia. Su interés partió de sí mismo y no de otro. Esa persona ya se cuestiona. Un día te levantás y te decís esto no puede ser, tiene que haber otra manera de vivir. Esto aparece en forma de sueños, de libros, de una persona que te dice algo, comenzás a recibir información que antes no tenías o no escuchabas porque estabas encerrado en tu paradigma. La noria es “todo lo que me ocurre está afuera” pero hay que comprender que cada uno es dueño de su vida y tiene el poder de decidir cómo vivir cada situación y punto. Cuando ya no jugás a es que, es que… y te preguntás ¿así es como quiero vivir?

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