La experiencia como kilometraje

Lo que llamamos experiencia no es otra cosa que el conocimiento que adquirimos mediante la práctica. Se refiere a todo lo que aprehendemos por medio de los sentidos y forma parte de la materia del conocimiento humano. Cuando experimentamos algo lo vivimos en carne propia y esta vivencia la incorporamos, la comparamos con experiencias anteriores y sacamos conclusiones que vamos agregando a nuestro kilometraje existencial. Mediante este proceso acumulativo logramos construir el marco de referencia personal con el que vamos transitando el camino de la vida. Entonces, la vida es un experimento continuo mediante el cual nos mantenemos aprendiendo.

Cada experiencia se convierte en una prueba que implica un riesgo -acertar o errar- y una oportunidad para extraer el aprendizaje que se deriva de ella. Para aprender necesitamos reflexionar cada vez, pues de lo contrario ignoraríamos lo que nos motiva a hacer lo que hacemos y no sabríamos qué nos lleva a sumar aciertos y qué a cometer errores. Así que hacer conciencia de todo lo que vivimos a través de la reflexión es el sentido último que nos debe llevar a vivir cada experiencia. Asumir el riesgo no significa que nos lancemos desbocadamente a vivir cosas que nos deslumbran sin considerar los peligros.

Reflexionar tampoco significa que vivamos una vida exenta de espontaneidad. Se trata de obrar con ponderación y estimar el costo que significará que nos equivoquemos. El miedo que sentimos ante una situación nueva puede servirnos de aliado si le prestamos atención, pues funge como un alerta para que revisemos bien lo que nos traemos entre manos. El miedo exagerado a equivocarnos nos paraliza y nos impide hacer lo que queremos por temor a fracasar.

Ganar experiencia es una suma de aciertos y desatinos. La suma de aciertos conduce a una vida llena de bienestar y paz interior, con logros, crecimiento emocional y evolución espiritual, lo que nos permite sentirnos en armonía con nosotras mismas y con el mundo que nos rodea.

La acumulación de errores nos lleva a la frustración y al resentimiento. La vida se nos convierte en confusión y amargura. De los errores también se aprende y si nos ocupamos de repararlos los convertiremos en lecciones que nos ayudarán a superar la equivocación y no volver a repetirla. Vivir una vida plena es hacer un viaje cargado de experiencias conscientes.

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Silvia Mago es comunicadora social y facilitadora en Terapias Corporales. Tiene 18 años de experiencia como instructora de yoga. Síguela en Twitter como @SilviaMago

 

 

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