Pistas para mejorar el vínculo padre – hijo

Por Fanny Berger*

Más allá de la clase de problemas que tengan con sus hijos, sus edades y las diversas situaciones que atraviesan, les daré lineamientos generales que los guiarán en el camino hacia la solución de los problemas entre padres e hijos.

Ver más: Hermanos: vínculo que deja huellas

En primer lugar, es importante aceptar a los hijos tal como son, no como soñamos que podrían ser. Podemos elegir nuestra pareja y amigos. En cambio, a los hijos no. Son un vínculo consanguíneo para toda la vida, vitalicio, 24 horas al día, 365 días al año, sin derecho a licencia ni jubilación.

Cuando un padre no puede aceptar a su hijo, tiene que abrir su mundo interno y descubrir qué le molesta, qué rasgos de carácter, físicos o de conducta rechaza en su retoño. Aceptar no es gustar, es ver al otro tal cual es, no como lo deseamos o imaginamos despiertos. Es así que los hijos pueden transformarse en nuestros maestros, esos que nos vienen a enseñar y mostrar todo aquello que no aceptamos en nosotros y lo enviamos a nuestro inconsciente o sombra, según algunos autores.

En segundo lugar no hay que mortificarse ni culpabilizarse por los errores cometidos. No existen los padres perfectos, simplemente con la ayuda de profesionales pueden mejorar el vínculo con sus hijos. Hay que aceptar que todo ser humano puede cometer equivocaciones y se pueden reparar. Siempre podrán trabajar para sentir la alegría del cambio positivo en los vínculos humanos.

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Los padres tienen que aceptar sus propios errores para mejorar y no sentirse malos padres. Para eso pueden pedir una consulta con un psicólogo, de modo de entender qué sucede, qué creencias, pensamientos y sentimientos se disparan frente a sus hijos. Cuando el padre toma consciencia sobre qué le sucede a él en relación con su hijo, el cambio es posible. En definitiva es dejar de proyectar en los pequeños, hacerse cargo que determinados comportamientos disparan asuntos personales no resueltos.

La pregunta conductora es: sí tanto te molesta el orgullo de tu hijo, ¿qué tiene que ver dicho rasgo contigo?, ¿sos orgulloso/a?, ¿en qué te molesta?, ¿qué sentís frente a dicho rasgo?

Sí tenés el valor de mirar hacia adentro tuyo, tu hijo será como un maestro que te mostrará tus asuntos personales que no eran conscientes hasta ahora.

En tercer lugar, dejá de quejarte de tus hijos y preguntate que podés hacer como padre o madre para que, por ejemplo, tu hijo colabore en la tareas de la casa. Es un cambio radical, pues implica dejar de lado al hijo y mirarte a tí mismo, redefinir el problema. Por ejemplo, en lugar de quejarse de que tu hijo te irrita y te saca de quicio, preguntate que podés hacer para mantenerte tranquilo y calmo ante él.

Además que tomes contacto con lo que pensás y sentís en ese momento ayuda a no reaccionar; aprovecha para elaborar respuestas positivas que brinden seguridad y tranquilidad. En lugar de quejarte porque tu hijo no te escucha, pensá en qué podes hacer para conversar en una forma más adecuada con él o ella.

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La pregunta deber ser siempre: ¿qué puedo hacer yo como padre o madre para conseguir determinados resultados?

 

fanny berger ok

 

 

 

 

 

 

*Fanny Berger, psicóloga gestáltica. Podés contactarla en su web o página de facebook

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