Retos virales: ¿Cómo prevenir que los adolescentes hagan los más peligrosos?

De tirarse un balde de agua fría, ocupar un gato como gorro, a bailar al lado de un auto en movimiento o rociarse spray en el brazo hasta no poder más del dolor. Algunos retos virales parecen graciosos e inocuos, y otros, derechamente dañinos. Y por algún motivo, año a año, van ganando popularidad y el entusiasmo de mucha, mucha gente por copiarlos, sobre todo adolescentes que no prevén los peligros que conlleva realizar los más arriesgados.

¿Quién querría rociar su torso con algún líquido inflamable, para después prenderse fuego e ir corriendo a la ducha para extinguirlo? Más de 3 mil 300 publicaciones en Instagram tienen el hashtag #FireSprayChallenge, el mismo desafío que cobró la vida de un joven de 15 años en Nueva York y que, el año 2015, copió un niño de 11 años que terminó con un injerto de piel en el Reino Unido.

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La lista es bastante larga. Por nombrar algunos, están el reciente #KikiChallenge, que tiene a la policía de varios países pidiendo que no se realice; el #CinnamonChallenge que produjo un sinnúmero de llamadas a emergencias por intoxicación en Estados Unidos; el #EraserChallenge, frotar una goma de borrar en el brazo mientras se dice el abecedario hasta quemarse; el #ViagraChallenge, ingerir sildenafil y ver sus efectos; y uno de este año, el #DeodorantChallenge, que consiste en echarse desodorante en spray en un punto fijo del brazo hasta que el dolor sea insoportable. Para alertar a los padres, la mamá de una niña del Reino Unido publicó en mayo pasado cómo quedó el brazo de su hija después de aceptar el reto:

Una tendencia propia de la edad
“A mí no me va a pasar”, es la frase y sentimiento que en gran parte anima a los adolescentes a probar suerte en estos peligrosos juegos de internet, comenta la directora del Centro de Atención Psicológica de la Universidad de Santiago, Jade Ortiz.

“Es una tendencia propia del ser humano a esa edad” el buscar experiencias aparentemente peligrosas, agrega la psicóloga, quien también señala que los adolescentes pueden buscar este tipo de retos para validarse, demostrando al resto que son capaces de realizar actividades riesgosas.

“Hay que conversar con él, preguntarle qué gana haciendo esto, ‘¿los likes te hacen más importante?, ¿es más significativo que te feliciten que hacerle daño a alguien o a ti mismo?’. Estas son cosas que los adultos solemos tener claras y creemos que un adolescente también las sabe, pero no. Él está moldeando sus valores, aprendiendo qué está bien y qué está mal, está dando forma a su identidad”.

Conocer su vida online
Prohibirles el acceso a videos o a internet es una pésima estrategia, según los entendidos. No solo aumenta la curiosidad de un joven, sino que también les quita a los padres la oportunidad de saber qué cosas suele ver su hijo en la web. Fabiana Vasconcelos, psicóloga y vocera del Insituto DimiCuida, en Brasil -donde luchan por concientizar a padres y adolescentes sobre juegos peligrosos que amenazan la vida de los jóvenes- ya ha señalado en entrevistas anteriores que lo ideal es ser estricto con las edades mínimas de 16 años para usar Whatsapp y 13, para Facebook.

Asimismo, ha indicado que los padres deben acompañar a sus hijos en su vida online, saber quiénes son sus amigos, qué cosas ha visto en el día, mostrando el mismo interés que hay respecto a sus actividades de la vida “offline”. “La recomendación general de cualquier psicólogo es que tú tienes que saber establecer canales de comunicación efectiva con tus hijos.

No ser demasiado rígido con los mensajes que le envías, de tal manera que a tu hijo no le dé miedo decirte cosas; pero tampoco ser tan blando que no te metas en nada y no pongas límites”, indica Ortiz. La psicóloga explica que con un adolescente se debe estar abierto a recibir opiniones distintas y es importante validar su forma de pensar, abriendo un debate cuando no se esté de acuerdo con él.

“Esa conversación, esa continuidad, le da la oportunidad de saber que los padres están pendientes del tema, quieren conocer del tema y están abiertos a conocer posturas”, dijo.

“Nosotros los papás no somos nativos digitales”, recuerda Ortiz, indicando que lo bueno de eso es que los hijos pueden enseñar a sus papás las cosas nuevas y de paso, mostrarles qué cosas miran en internet. Lo malo es que esto también les permite omitir información si así lo quieren.

“Por eso, como papá, uno tiene la responsabilidad de meterse en las redes, saber qué está pasando, tal como uno le pregunta con quién va a salir si sale de la casa, uno debe saber qué red social usa y qué cosas mira”, concluyó.

Fuente: GDA/Emol/Chile

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