Sumiso o desobediente: disciplinado; pautas para conocer a tu hijo

Por Fanny Berger*

Cada vez hay más niños desobedientes, que no aceptan los límites y reglas en el hogar ni en las instituciones educativas y/o deportivas a las que concurren. De ese modo presentan serios problemas de conducta. Pero por otro lado también existen niños sumisos que acatan todo lo que venga del mundo exterior.

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Ambas conductas son extremas: el desobediente no acepta y el otro acepta todo. Lo más importante es que los padres puedan captar el móvil, el para qué de la conducta de su hijo.

El niño que no obedece puede estar enojado, triste o siente que no es tenido en cuenta; su forma de llamar la atención y expresar lo que siente es con una postura rebelde, molesta, contesta, no hace lo que tiene que hacer. A diferencia de este, el niño sumiso acepta, obedece, ayuda, hace todo para que lo quieran, para que lo miren.

En terapia gestáltica hablamos de polaridades, son dos cualidades diametralmente opuestas: frío- calor, noche- día, pasivo- activo, introvertido- extrovertido y sumiso- rebelde. La única salida a esto es la integración de distintos aspectos de ambas conductas extremas, es decir asimilar ciertas características.

Ninguna polaridad es nutritiva para el niño; el sumiso aguanta, complace para que lo quieran y acepta en ciertas situaciones lo inaceptable, paga el precio de luchar para que lo amen. Esta es la base de una futura dependencia afectiva, codependencia o adicción. Es un proceso silencioso que ocurre en el mundo interior de la persona, no molesta a los otros.

Una persona sumisa es cómoda en el trato porque acepta todo, pero sufre en silencio. Una persona rebelde rechaza lo establecido y puede traer problemas de adaptación. Las causas pueden ser múltiples. Es un niño que exterioriza su dolor a través de la conducta, algo le sucede en su mundo que se “porta mal”.

Lo importante es que cuando los niños se sitúan en ambas polaridades les suceden vivencias displacenteras que lo expresan en forma opuesta.

La salida es que el niño tome consciencia de su necesidad afectiva, la exprese y adopte una postura que llamaremos de disciplina, es decir que integre distintos aspectos de la rebeldía y de la sumisión. Por ejemplo, existen circunstancias donde es necesario cierto grado de acatamiento pero no siempre acatar con el fin de que me quieran. Otras veces puedo expresar a través de la palabra mi disconformidad u opinión personal sin agresividad.

Los niños deberían ser disciplinados, no presentar conductas extremas. El punto crucial es cómo se logra dicho comportamiento en tiempo de estrés y cambios drásticos en la forma de relacionarse entre las personas.

¿Cómo se forman hijos disciplinados? Lo primero es que como mamá te sientas la autoridad en tu hogar. En segundo lugar es imprescindible que estés calma y serena, recordando que sos la encargada de fijar y sostener los límites. Así tendrás respuestas firmes, asertivas, sin enojos ni amenazas. En tercer lugar recordar que los hijos aprenden de la conducta de sus padres, no de sus discursos, por lo tanto ayuda ser consciente y congruente entre lo que decís y hacés.

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*Fanny Berger, psicóloga gestáltica. Podés contactarla en su web o página de facebook