Valentino y Jean Paul Gaultier, dos visiones distintas de la alta costura

El clasicismo de Valentino y la exuberancia festiva de Jean Paul Gaultier mostraron en París dos visiones muy distintas de la alta costura para sus colecciones primavera-verano.

Naomi Campbell disfrazada de ramo de flores fue broche de oro de un desfile de Gaultier presentado bajo la forma de una divertida fiesta de bodas. Para Valentino, los diseñadores Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli trajeron a la pasarela una vez más un himno sublime a la belleza femenina.

La fiesta de Gaultier

Sobre el tema proclamado del matrimonio igualitario, gritos de entusiasmo y aplausos acompañaron todo el desfile de Gaultier, que anunció el año pasado su retirada del prêt-à-porter para concentrarse en la alta costura.

Catherine Deneuve, Carla Bruni-Sarkozy, Dita Von Teese, Conchita Wurst y Arielle Dombasle asistieron en primera fila sentadas en sillas blancas, igual que en una fiesta de bodas.

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Con el tono anticonformista y divertido que desde los años 80 caracteriza a quien a los 62 años los franceses siguen apodando “el niño terrible de la moda”, no faltó el esmóquin, el tutú de tul, los corsets y las chaquetas asimétricas.

Naomi Campbell cerró la fiesta como un ramo de orquídeas, cubierta de un plástico, simulando el celofán transparente y una cinta atada en la cintura.

“¡Es el matrimonio igualitario, al fin y al cabo!”, comentó el voluble Gaultier tras el desfile. “Había para todas las formas de casamiento, todas las edades y la cantidad de veces que quieran”, bromeó.

“En alta costura se ven muchos trajes de novia, yo nunca me dediqué a eso especialmente, entonces me dije: después de todo, tratándose de una parte esencial de la alta costura ¿Por qué no hacer trajes de novia, preguntándose lo que eso significa hoy en día?”.

“Puede ser a la vez muy romántica, con blanco, encaje, tul, gaza, pero también algo más masculino, a veces bisexual, otras bipolar”, agrega el diseñador. “¡Quería demostrar que al fin de cuentas, se puede estar vestida de novia de muchas maneras!”.

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Según Gaultier, abandonar el prêt-à-porter le permitió “perfeccionar aún más la técnica y todo el trabajo en el taller”.

El aura de Valentino

Difícil imaginar algo más alejado del histrionismo de Gaultier que la atmósfera de belleza renacentista que reinó con Valentino.

Chiuri y Piccioli tomaron la posta a partir de 2008 en la casa de modas fundada por Valentino Garavani, aún adorado por los italianos a los 81 años como “l’ultimo imperatore” de la moda.

Las siluetas de la colección 2015 son impalpables y longilíneas, con profusión de bordados que recuerdan los trajes tradicionales de las campesinas eslavas, transparencias angelicales o terciopelo rojo, el celebérrimo “rojo Valentino”. El resto de los colores son neutros: tiza, marfil, celestes o verde agua.

Un conjunto de vestido y blusa de lino bordada con puntos en cruz, al estilo de las prendas folclóricas rusas, demandó 3.500 horas de bordado.

El desfile estaba dedicado nada menos que “al amor” e inspirado en la obra del pintor ruso Marc Chagall. Una nota entregada a los invitados explica: “En el centro de la celebración de ese sentimiento se encuentra la protagonista, la mujer, criatura sublime que genera un sentimiento de elevación”. Estamos en pleno universo de Valentino.

Los invitados que abarrotaron los salones de una mansión que antiguamente perteneció a la familia Rothschild aplaudieron a rabiar durante varios minutos, hasta que los dos diseñadores italianos accedieron a salir a saludar.

AFP

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