Alessandra Rampolla y cómo dejar fluir las fantasías

Cada vez es más común escuchar hablar sobre las fantasías con alguien del mismo género. Y aunque ahora nos animamos a charlarlo con nuestras amigas, se nos plantean un montón de interrogantes. El primero es si esto significa que tenemos una inquietud homosexual; y el segundo, entre muchos otros, es si las fantasías deben concretarse.

¡Cuántas dudas! Para responderlas, es necesario comenzar por el principio: una fantasía sexual es una imagen mental que creamos respecto de una persona, objeto o situación que nos provoca excitación. Estas ideas o pensamientos pueden ser originales o tomados de experiencias pasadas. Generalmente son una combinación de ambos. Es decir, nuestra imaginación toma esas experiencias vividas, las condimenta, ¡y las mejora! En las fantasías nuestra pareja sabe exactamente cómo y cuándo tocar, besar y acariciar. Todo es perfecto. ¡Nada de eso existe! Eres la directora de tu propia película y tú tienes el control de cada escena.

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Quienes se permiten fantasear libremente suelen gozar de una libido muy saludable. Pensar en alguna práctica sexual, como en este caso sería mantener relaciones con una persona de tu mismo género, no quiere decir que realmente desees experimentar ese comportamiento, ni que lo desearás en la vida real. Quizás, si has sido criada con una educación muy conservadores, puedas experimentar sentimientos de culpabilidad ¡más aún si fantaseas con otra mujer! La clave está en aceptar que la mente es una fuente de goce y no hay nada de malo en ello, porque todo queda en el terreno de la imaginación.

Así como a los hombres les come la cabeza pensar en un trío sexual u observar a dos chicas poniéndose cariñosas, las mujeres tienen preferencia por fantasías e imágenes recurrentes como practicar sexo en lugares públicos; vivir una noche superapasionada que incluya antifaces, lencería erótica, vibradores, aceites para masajes, plumas. ¡De todo!

¿Qué hay con eso de concretarla o no? Como he mencionado, la fantasía sexual es algo que está en nuestra imaginación y a menudo lo mejor sería que se quedara allí. El principal problema de convertir una ficción en realidad es que en raras oportunidades es posible igualarla, ¡y mucho más escasas son las chances de superarla! En tu cabeza todo es perfecto porque es tu creación mental y estás a cargo de todo lo que te permites imaginar, pero en la vida real no ocurre lo mismo.

Tu fantasía la concretarás con otra persona de la que no puedes tener el control, como tampoco de las consecuencias que, créeme, luego las habrá y pueden no sean las que esperabas. Es casi imposible cumplir con las expectativas que tienes de tus fantasías en la realidad y muchas veces sólo conseguirás que pierda su capacidad erótica. Pero de vez en cuando la vida te sorprende y por ahí también hay lugar para experimentar. La elección, al final, es tuya.

Así que recuerda, fantasear con alguien de tu mismo género, por ejemplo, ¡no significa que eres gay! Si te encuentras en pareja, podría ser muy erótico compartirlas, pero si crees que va a generar un conflicto, tal vez decidas guardártela para ti misma. Lo mejor es justamente eso, que puedes elegir dónde colocar y cómo usar tus pensamientos de la mejor manera, ya sea en la “vida real” o en el mundo supererótico de tu cerebro.

El sexo es un juego de adultos y mientras más rienda suelta le des a la imaginación, ¡más rico y divertido se pondrá! ¡Anímate a fantasear!.

Fuente: La Nación / Argentina / GDA

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