Chemsex: cuando las drogas y el sexo se combinan

Chemsex: cuando las drogas y el sexo se combinan

Por Yessica Mardelli

Una nueva y peligrosa práctica sexual se implementa en varios países; se llama Chemsex y es la combinación entre sexo y drogas. Los médicos ya alertan sobre estos factores que ponen en riesgo la salud. 

Chemsex es un acrónimo en inglés de las palabras “sustancia química” y “sexo”. Esta práctica sexual es potenciada por el consumo de drogas y sin la debida protección puede que propagar varias de enfermedades de transmisión sexual como sida, hepatitis o sífilis.

“Esta palabra se utiliza en Reino Unido para describir el sexo intencional bajo la influencia de drogas psicoactivas, sobre todo entre hombres que tienen relaciones con hombres”, explicaron Hannah McCall, Naomi Adams y David Mason en la British Medical Journal.

“Se refiere particularmente al uso de mefedrona, y-hidroxibutirato (GHB), y-butirolactona (GBL) y metanfetamina de cristal. Estas sustancias suelen combinarse para facilitar las sesiones sexuales que duran muchas horas o días con múltiples parejas”, advirtieron.

Se utilizan como un impulsor que permite que las orgías duren por más tiempo. Ya que el cristal y la mefredona incrementan el ritmo cardíaco y crean una sensación de agitación sexual. Mientras que el GHB es un fuerte desinhibidor y analgésico que te hace sentir más relajada.

“Los informes anecdóticos y algunos pequeños estudios cualitativos en Reino Unido muestran que la gente que lleva a cabo ‘chemsex’ reconoce tener mejores relaciones sexuales, al reducir las inhibiciones e incrementar el placer. Facilita una excitación sostenida e induce un sentimiento de entendimiento inmediato con las parejas sexuales”, se lee en el artículo. Es por ello que los números de esta práctica han aumentado en los últimos años.

Efectos de esta práctica
Los expertos aseguran que cuando las personas consumen estos estimulantes pueden perjudicar su vida. “La mefedrona y el cristal pueden crear dependencia psicológica muy fuerte, y el GHB crear una peligrosa dependencia fisiológica”, subrayaron.

“Los datos de los usuarios de estos servicios sugieren que la media es de cinco parejas por sesión y que el sexo sin protección es la norma”, señalaron. Por lo que es normal contraer sida o hepatitis durante esta práctica desenfrenada.

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