Té, chocolate, café. La santa trinidad de la cafeína

Un encuentro con amigas, reunión, charla, puesta al día y en la mesa: café, té y placeres con chocolate. Aunque nos parezca un ritual nuevo, estos tres elementos comparten la mesa desde hace muchos siglos.

¿Qué une al café, té y chocolate? ¡La cafeína! Está presente en las dos primeras de manera importante y en el cacao en menor volumen, pero junto a la Teobromina hace que se potencien los conocidos efectos energéticos y adictivos. La cafeína es el psicoactivo más consumido en todo el planeta y además de encontrarse en estas tres sustancias, está en las bebidas cola, en los energizantes, en fármacos y, particularmente en esta zona del mundo, en el mate. No podemos imaginar al mundo sin cafeína, ese gran estimulante que nos ayuda a despertar con más fuerza, rapidez y agilidad mental. Algunos estudios dicen que la consumimos desde el Paleolítico, así que nuestra relación viene desde muy lejos.

El café, el té y el chocolate tienen muchos puntos de encuentro: todas provienen de distintas civilizaciones antiguas (y lejanas entre sí). El café de África, el té de Asia y el chocolate de América. Según los estudiosos, todas se usaron en algún momento como centro de ceremonias, antes de transformarse en excusa de reunión.

Los primeros encuentros con el café -cuando ni siquiera se llamaba así-, la bebida se servía en un cuenco que se compartía en ronda como rito (igual que el mate) y hay documentos antiguos que describen sus propiedades curativas especialmente para la digestión. Los sufíes la usaban para mantenerse despiertos durante sus plegarias.

En China el té o Ch’a primero fue medicina (sus propiedades diuréticas ya las conocían 220 a.C.) y un elemento esencial para los taoístas, ya que para su fundador Lao Tsé se trataba de un elíxir de la vida. Bajo el influjo de la infusión, Tsé escribió el reverenciado Tao te Ching (Libro del Tao). También para Confucio el té era centro ceremonial y ayudaba a cultivar a las personas y a la armonía interior.

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Los primeros en usar el Cacao fueron los Toltecas, luego siguieron los Mayas, pero el reconocimiento marketinero fue para los Aztecas, quienes le sirvieron a los españoles por primera vez el chocolate que sería muy bienvenido en la vieja Europa. Y al igual que con el té y el café, el Cacao también se usó en los rituales, servido frío, amargo y espeso para que luego el consumidor entregara el corazón purificado como ofrenda a los dioses. El cacao fue de tal importancia que se transformó en moneda de cambio, como una especie de tabla de cotizaciones por grano.

Las casas de té en China y luego en Japón serían tan importantes centros de la vida social como lo fueron para el mundo islámico las de café. En Europa las casas de café y té comenzaron a proliferar en el Siglo XVII, en Inglaterra, Francia, Holanda y luego en todo el continente. Estas casas eran centros de reuniones, en donde históricamente se han sucedido revoluciones políticas, discusiones religiosas y espacio para las creaciones artísticas, como sucediera en los famosos cafés parisinos.

Cada vez que nos sentamos con amigas a tomar té, café y chocolate estamos reviviendo una vieja relación ancestral con la cafeína y con nuestra necesidad de compartir con otros. No es poca cosa.
Buena vida, buen café.

 

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Dahianna Andino, es barista en Ganache Café y columnista de Eme de mujer

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