Entrevista con Zwati Dlamini Mandela: la nieta de Winnie y Nelson Mandela

Zwati Dlamini Mandela

por Mariana Malek

No siempre fue sencillo para Zamaswazi Dlamini-Mandela aceptar su legado. Hija de la mayor de las hijas de Nelson y Winnie Mandela, conocida simplemente como Swati tuvo que reconciliarse con lo que significó ser una Mandela en la época del apartheid en Sudáfrica, donde muchos los rechazaron. Sin embargo, con los años aprendió a aceptar la herencia y el deber que implica llevar un nombre tan importante y se convirtió en una referente global.

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Swati visitó Montevideo por primera vez esta semana en el marco del Xcala Summit, un evento orientado a emprendedores e inversores. En su paso por la capital conversó con El País.

—¿Cómo ha sido tu vida hasta ahora?
— Nací en Brandford, Sudáfrica, el lugar donde mi abuela (Winnie Mandela) estuvo exiliada por nueve años. Era la época de apartheid. Nací fuera de Suazilandia, la tierra natal de mi padre, porque mi madre intentó pasar el mayor tiempo posible con Winnie mientras vivía en el exilio. Luego, una vez que ella se fue volvimos a Suazi. Mi abuela fue muy importante en mi crianza, pasamos muchísimo tiempo y la acompañamos en todo lo que pasó, dentro y fuera de prisión, las protestas, su activismo o situaciones como estar en redadas en el medio de la noche, no saber dónde estaba porque se la llevaba la policía y teníamos que quedarnos con los vecinos o en la casa solos. Así es como crecí. Creo que para mí era normal porque no conocí otra cosa. Además, esa era una época donde ser un Mandela no era algo popular, la gente no quería que la asociaran con nosotros, incluso nuestros propios familiares. Entonces, esencialmente nuestra familia era todo lo que teníamos. Luego mis padres se mudaron a Boston y unos meses después nos instalamos nosotros con ellos. Volvimos de Estados Unidos cuando mi abuelo fue liberado. Terminé el colegio en Sudáfrica, fui a la universidad y obtuve mi título en Relaciones Públicas y luego comencé a trabajar, pero pasé por varias carreras antes de elegir una. Hago muchas cosas que mantienen mi vida interesante y la verdad es que me gusta sentirme atraída por algo si me apasiona y me involucro. Mi vida está en Sudáfrica, tengo mi propia marca de lujo y una hija.

— ¿Cómo fue crecer siendo parte de los Mandela?
—Mi abuela era la matriarca de la familia y aún durante su activismo hizo de madre, padre y abuela. Todos en la familia nos referíamos a ella como la proveedora de estabilidad, aún en un ambiente hogareño y político inestable. Recuerdo que ella era la figura central en mi vida. Eso no quiere decir que mis padres no estaban allí, pero pasamos muchísimo tiempo con mi abuela y mi madre quería que ella tuviera una vida lo más normal posible. Aunque no fue sencillo crecer así, lo miro con mucho cariño porque mi Winnie realmente se esforzó para asegurarse que tuviéramos una vida lo más estable posible, así que íbamos a la escuela, nos hacía el almuerzo, el desayuno y todas nuestras comidas. Podríamos volver a casa y que ella no estuviera, pero estábamos acostumbrados porque era lo que sucedía y así crecimos. De todos modos, pienso que ha sido un proceso llegar al momento de aceptar y estar en paz con quien soy. Por mucho tiempo no quise que se me asociara con mi familia, porque pensé que eso implicaba mucha presión y que las personas tendrían muchas expectativas sobre quién debía ser y que debería seguir los pasos de mis abuelos. Por mucho tiempo cerré esa parte de mí misma. Un día logré aceptar el hecho que esto es quién soy y que no puedo esconderme. Entendí que debía abrazar mi legado y, en lugar de verlo como una maldición, utilizarlo como una bendición. Así que cuando finalmente acepté ser de esta familia y tener unas referencias tan icónicas, descubrí que podía crear mi propio camino, futuro y viaje en la vida y ser parte de él, incluso teniendo unos abuelos que lograron tanto.

—¿Sentís que estás siguiendo sus pasos?
—Creo que mi trabajo continúa alguna de las cosas que ellos comenzaron. Me parece que tengo una responsabilidad hacia mi país. Mis abuelos siempre nos decían que debíamos hacer lo que quisiéramos con nuestras vidas, pero pienso que con todo lo que nos dieron y con lo que renunciaron ellos, es nuestro deber hacer algo por la sociedad. Una de las cosas que apoyo es una iniciativa que mi abuelo comenzó en la educación, que lleva bibliotecas a comunidades desfavorecidas. Es un proyecto que él inició y con mi hermana lo continuamos. No creo que pueda sentarme y vivir una vida que no sea involucrándome, hay mucho que necesita ser reparado y que está mal en nuestro país. Mis abuelos se encargaron de la libertad política, pero creo que aún falta la libertad económica y para que las personas de Sudáfrica realmente se emancipen hay que cambiar la economía de manera significativa.

—¿Con que áreas colaborás más?
—Educación es la más importante. Pero también trabajo con los emprendedores, yo soy una emprendedora y considero que desde el punto de vista económico puedo enseñarle a otros y ayudarlos a hacer lo mismo. Tenemos una cifra alarmante de desempleo en Sudáfrica, una de las acciones que podemos tomar no es solo dar trabajo a las personas, sino también mostrar que el emprendedurismo es una forma de salir de una situación de desempleo y de una crisis. Esas son las dos áreas en las que puedo lograr un mayor impacto y son las que están más cerca de mi corazón.

— ¿Cómo avanza el documental que producís sobre su abuela?
—Hace siete años trabajo en él y cuando regrese lo veré por primera vez. Su muerte el año pasado fue uno de los momentos más tristes; quería que ella lo viera, pero luego me di cuenta que todo sucede por una razón y ocurre cuando tiene que suceder.Es un trabajo de amor hacia ella. Creo que el documental muestra la totalidad de lo que atravesó e implica mucho más que ser la esposa de Mandela. Se muestran hechos muy traumáticos que vivió, pero el mundo está listo para ver la historia de su vida. Estoy ansiosa y un poco nerviosa. Espero hacerle justicia y que se sienta orgullosa de mí.

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