Consejos para combatir la impuntualidad

¡Basta ya de llegar tarde! Enterate cuáles son las razones más comunes de ser impuntual y cómo intentar solucionar este problema.

¿Haces todo tu esfuerzo por llegar temprano y aún así siempre estás corriendo a último momento con todo? La mayoría de las personas impuntuales odian ser impuntuales y aún así les cuesta muchísimo cambiar su forma de ser. Por lo general, no es porque sean personas desconsideradas o irrespetuosas con los tiempos de los demás (aunque sí hay varios casos), pero así los suelen ver las demás personas. Por eso es importante intentar trabajar en el manejo de los tiempos personales para mejorar la puntualidad.

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Como nos cuenta la Lic. Andrea Gregoris Kamenszein, Coach Profesional, hay dos tiempos que coexisten en nuestras vidas: el Kronos, que es el tiempo externo que rige a la sociedad en general, y el Kairós, nuestro tiempo interno, al que regulamos nosotros y le imprimimos nuestras características temporales. Es difícil que ambos tiempos estén alineados, pero hay que aprender a manejarlos para poder convivir en armonía con el mundo exterior.

Por qué somos impuntuales

1.A veces tiene que ver con dificultades para enfrentar una situación. Cuando la persona en cuestión no quiere lidiar con un problema o asunto particular, lo posterga lo más posible hasta que es inevitable llegar tarde a resolverlo. En este caso, según la Psicóloga María Gabriela Fernández, se podrían evidenciar en estas personas características fóbicas o rasgos evitativos que los hacen más proclives a la procrastinación.

2.Otras veces, el problema es que se tiene una agenda demasiado sobrecargada y muchas veces también sucede que cuesta decir que no a más compromisos. Cuando tenemos una agenda tan ocupada, al menor inconveniente que nos retrasa, es inevitable terminar llegando tarde. No tenemos ningún margen de error o tiempo calculado para imprevistos.

3. También puede suceder que seamos simplemente desorganizados o malos para calcular los tiempos reales que tardamos en hacer cada cosa. Somos demasiado optimistas y no consideramos el tiempo suficiente para cada actividad.

4. Otra posibilidad cada vez más extendida es la poca formalidad al establecer compromisos… y cumplirlos.

Combatir la impuntualidad

Como premisa general, habría que tener siempre en mente el dicho “no le hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a tí” para desarrollar madurez, conciencia y evaluación de las consecuencias a enfrentar.

1. Mirar al otro, al que nos está esperando o al que afecta mi llegada tarde. ¿Qué le pasa con esto? ¿Le molesta? ¿Le estoy pasando alguna factura? ¿Hace lo mismo? Empecemos por pensar cómo le afecta al otro que suceda esto.

2. Reinterpretar. ¿Qué es tarde para mí y para el otro? Mi marido, mi amigovio, mi hijo, mi amiga, mi jefe, toda la familia en una reunión. ¿Tenemos la misma mirada sobre ser impuntual? Para algunos eso es llegar quince minutos tarde, para otros cinco, para otros hasta cuarenta y cinco.

3. Concienciar en qué franja de tiempo nos encontraremos y, si es en la faz laboral, en qué franja terminaremos. Distribuir temas para trabajar en una hora es diferente a poder hacerlo en el doble de tiempo.

4. Prepararse. ¿Qué tiempo previo necesito para estar lista? Y acá entra en escena el Kairos, mi tiempo interno, el que me hace enfocar, parar cinco minutos y que parezcan treinta. O el que me permite hacer todo en cámara rápida logrando lo que deseo. Prestar atención a si estas cuestiones de ritmo me traen algún costo oculto.

5. Si ya sé que llegaré tarde, ¡AVISAR! Para evitar esa sutil manipulación donde el otro no hace nada salvo. esperarme. Si se trata es de cuidar la relación, pensemos ¿cuánto tiempo antes conviene que le avise al otro? Cuanto más tiempo pasa, más se resiente el vínculo. Cuanto antes aviso, menos lastimo.

GDA / La Nación / Argentina

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