¿Cuáles son los desencadenantes de ansiedad más comúnes?

¿Te has puesto a pensar en cuáles son las causas de la ansiedad y qué puede estar afectándote? La ansiedad es una condición de salud mental que puede causar sentimientos de preocupación, temor o tensión. Para algunas personas, la ansiedad también puede causar ataques de pánico y síntomas físicos extremos, como dolor en el pecho.

Los trastornos de ansiedad son increíblemente comunes y lo que la envuelve puede ser complicado. Es probable que una combinación de factores, incluyendo la genética y las razones ambientales, desempeñen un papel importante. Sin embargo, está claro que algunos eventos, emociones o experiencias pueden desatar los síntomas o empeorarlos. Estos elementos son llamados desencadenantes o triggers.

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Los desencadenantes pueden ser diferentes para cada persona, pero hay algunos bastante comúnes. La identificación de las causas es un paso importante en su gestión. Prestá atención:

1. Problemas de salud. Un diagnóstico de salud que es molesto o difícil puede desencadenar la ansiedad o empeorarla. Este tipo de disparador es muy poderoso debido a los sentimientos inmediatos y personales que produce. Podés ayudar a reducir la ansiedad causada por problemas de salud siendo proactivo y comprometido con tu médico. Hablar con un terapeuta también puede ser útil.

2. Medicamentos. Ciertos medicamentos recetados y de venta libre (OTC) desencadenan síntomas de ansiedad porque los ingredientes activos pueden hacer que te sientas incómodo o enfermo. Esos sentimientos pueden derivar en una serie de eventos en tu mente y cuerpo que conduzcan a síntomas adicionales de ansiedad. Entre estos medicamentos están las pastillas anticonceptivas, los medicamentos para la tos y la congestión y los indicados para perder peso. Hablá con tu médico sobre cómo estos medicamentos te hacen sentir y buscá una alternativa que no provoque tu ansiedad ni empeore sus síntomas.

3. La cafeína. Muchas personas confían en su taza de café de la mañana para despertarse, pero en realidad podría desencadenar o empeorar la ansiedad. Según un estudio realizado en 2010, las personas con trastorno de pánico y de ansiedad social son especialmente sensibles a los efectos de la cafeína. Trabajá para reducir su consumo.

4. Saltarse las comidas. Cuando no comés, tu azúcar en la sangre puede disminuir y eso es posible lleve a manos temblorosas y barriga retumbante que conduzcan también a la ansiedad. Comer comidas balanceadas es importante.

5. Pensamientos negativos. Tu mente controla gran parte de tu cuerpo y esto está ciertamente conectado con la ansiedad. Si tendés a usar muchas palabras negativas cuando pensás en ti mismo, aprender a reenfocar tu lenguaje y tus sentimientos cuando comenzás por este camino, es útil. Trabajar con un terapeuta puede ser increíblemente efectivo en este proceso.

6. Preocupaciones financieras. Las facturas inesperadas o los temores de dinero son factores desencadenantes. Aprender a manejar estos tipos de desencadenantes puede requerir la búsqueda de ayuda profesional como la de un asesor financiero. Sentir que tenés un compañero y una guía en el proceso puede aliviar tu preocupación.

7. Fiestas o eventos sociales. Los eventos que requieren que converses o interactúes con personas que no conocés pueden desencadenar sentimientos de ansiedad. Para ayudar a aliviar sus preocupaciones o inquietud, podés llevar un acompañante cuando sea posible aunque también es importante trabajar con un profesional para encontrar mecanismos de afrontamiento que hagan que estos eventos sean más manejables a largo plazo.

8. Conflictos. Problemas de relación, argumentos o desacuerdos: todos estos conflictos pueden desencadenar o empeorar la ansiedad. Hablá con un terapeuta u otro experto en salud mental para aprender a manejar los sentimientos que causan estos conflictos.

9. Estrés. Los factores estresantes diarios pueden ser causas de la ansiedad. No obstante, el estrés crónico o prolongado puede provocar ansiedad y empeoramiento de los síntomas a largo plazo. Un terapeuta puede ayudarte a reconocer tus fuentes de estrés y manejarlas cuando se vuelvan abrumadoras o problemáticas.

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