Historias de piel: El desnudo

Lic. Ruben Campero*

Cuando decimos que alguien nos abrió su corazón, denudándose frente a nosotros, queremos decir que en realidad esa persona se sinceró y mostró su sensibilidad, permitiendo que se hiciera exterior y visible algo que sería propio del yo interior.

Publicidad
Aquí la referencia a la desnudez se estaría usando para aludir a aquello que entendemos como auténtico, esencial, puro, profundo e íntimo de alguien. Como algo que dejaría al sujeto en un estado de exposición, y bajo la influencia de una intemperie, desde la cual se expresaría una aparente inocencia, así como una vulnerabilidad asociada a lo infantil.

Tal vez por esto el desnudo tenga para la cultura occidental de tradición judeo-cristiana también un significado sagrado, en tanto que extraordinario. Presentándose como un tabú, es decir como aquello que estaría prohibido de ser mirado, tocado, etc. bajo pena de castigo en caso de que tal prohibición sea violada.

Tabú, entre otros, que tal vez también dote de tal poderosa fuerza pasional al erotismo a través de la potencialidad de la transgresión. Por más que la represión, con sus perversos juegos de prohibición-habilitación, es en sí misma una máquina de producción de discursos sobre lo erótico, con los cuales fabrica y clasifica (a través de lo que designa como “censurable”) aquello que se supone “es” y “no es” sexualmente atractivo.

Hay que considerar que cuando algo “se tapa” o se decreta que “no debe” mirarse, se está indicando en realidad que ahí se encuentra algo que “naturalmente” incita el deseo de mirar.

En ese sentido el desnudo ha sido un tema polémico a nivel de medios de comunicación, y de hecho correr frente a un auditorio sin ropas se ha constituido en una forma de protesta, evidenciando con ello los tipos de valoraciones vigentes sobre lo “mostrable” de la anatomía humana. De la misma forma en las playas nudistas se plantean como espacios “aparte”, y por tanto también funcionales a las lógicas de lo pasible de ser visto o no.

Al parecer la exhibición de aquellas partes del cuerpo consideradas “púdicas” más allá de los límites de la intimidad, interpelaría la división que la Modernidad ha hecho entre lo público y lo privado.

Una división desde la cual se han administrado políticamente los cuerpos, las diferencias sexuales, las emociones, el erotismo y las relaciones entre las personas. Haciendo creer, además, que lo que se vive en lo privado expresaría lo más “auténtico” del ser, al estar supuestamente lejos de la influencia de lo social y las relaciones de poder.

El desnudo puede tener un significado artístico, erótico, religioso, médico, espiritual, estético, etc. Sin embargo la influencia cultural y política del mito de origen judeo-cristiano, en relación a la vergüenza sobre la desnudez provocada por la consumación del pecado original en torno al conocimiento, haría que como cultura asociemos el “taparnos” como evidencia de la pérdida de una “pureza” e “inocencia” atávica que habría estado vinculada a la desnudez.

Desnudez que muchos otros pueblos y períodos históricos no asociaban de la misma manera. Las culturas originarias de América, África o Australia vivieron (previo a la dominación) sin conflictos el desnudo como parte de su cotidianidad. Lo mismo que la civilización griega antigua, la cual exaltó el cuerpo desnudo como un ideal estético.

En ese sentido la colonización implicó, entre otras cosas, el injerto de una mirada vergonzante sobre la desnudez, bajo el entendido que el cuerpo desnudo se asociaba a lo “salvaje” y “primitivo”, tal y como se manifiestan las “bestias”. En ese sentido la “animalización” expresada a través de los demonios, habría sido un elemento más que justificó la evangelización con fines de apropiación y saqueo “civilizatorios”

Es ese mismo salvajismo “demoníaco” propio de las fuerzas de la naturaleza, el que se intenta “domar” cada vez que se somete a los animales no humanos, en tanto concebidos como seres “desnudos de inteligencia”. Misma forma en que también son vistos muchos humanos, esos que no adquieren o pierden su condición de tales al ser constituidos en “vida desnuda” (Agamben, 1998) gracias a las distintas maneras genocidas en que circula el poder a lo largo del planeta.

Un video en youtube denominado “El desnudo más rápido de la historia. Vaquillas Zaragoza 2015”, muestra como un hombre es despojado de sus ropas por un toro, que está siendo hostigado colectivamente durante las Fiestas del Pilar en España. El desnudo final de ese hombre producto de las cornadas, podría ser leído como la expresión de la vulnerabilidad humana, esa que intenta ser manejada a través de la construcción de dioses, y perversamente negada mediante la ilusión de controlar lo indómito de la naturaleza torturando animales no humanos, tal y como se hace en las corridas de toros, las domas de caballos, la caza, etc.

El manejo público del desnudo resulta ser también un marcador social de género. Las mujeres continúan siendo utilizadas a través de la exhibición de sus cuerpos, tanto sea para vender productos como para indicar que su valor principal radica en la cualidad estética de su anatomía, así como de lo “elegibles” (cuan “adornos fálicos”) que puedan ser por los hombres.

Ellas, por tanto, deberán estar pendientes de cómo lucen y de “cuanto muestran”, para lograr la dosis justa de seducción sin “provocar”, es decir sin “incitar” la supuestamente arrolladora y ciega sexualidad de los hombres. En caso contrario, serán las únicas responsables de cualquier “consecuencia” sexualmente violenta de tal “exhibición”

En cambio los hombres tendrán que “…expresarse centrífugamente para negar la receptividad de lo sensible (…) piel masculina que deberá exhibirse, es decir mostrarse antes que ser mirada (pasivamente) para lograr estar a la altura del ideal del yo mediante el espejamiento narcisista en miradas de valoración por sus proezas fálico-cutáneas (marcas, tatuajes, piercings, bíceps, cicatrices, heridas, etc.)…”

“…En ese sentido no es del todo bien visto socialmente que un hombre cubra su piel en señal de pudor, ya que el mismo sería propio de aquellas pieles que están para ser miradas en tanto objetos de apropiación escópica por parte de lo masculino (mujeres y hombres masculinos subalternos)…”

“…Un hombre nunca estaría realmente desnudo, ya que su piel no sería vulnerable o sensible al estar munida de atributos fálicos. Aquellos cuerpos que no tienen pene o no lo usan “como se debe”, tendrán sí que cubrir y decorar su piel, como justificación de su subalternidad cutánea y su condición pasiva de “mirables”…” (Campero, 2013)

Referencias
Agamben, Giorgio (1998). Homo sacer: El poder soberano y la vida desnuda. Por-textos, Valencia.

Campero, Ruben (2013). “Piel de hombre. Algunas construcciones sobre la masculinidad hegemónica en torno a lo cutáneo”. Revista Argentina de Psicología. Edición 52. Trabajo distinguido con el Primer Premio en las XI Jornadas Internacionales del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires APBA (1 y 2 de noviembre de 2013).

Video de youtube “El desnudo más rápido de la historia. Vaquillas Zaragoza 2015

*Ruben Campero es Psicólogo y Sexólogo. Es además docente y autor de los libros: “Cuerpos, poder y erotismo. Escritos inconvenientes” y “A lo Macho. Sexo, deseo y masculinidad” (Editorial Fin de Siglo). Conduce Historias de Piel, programa que se emite martes y jueves a la hora 21.30 en Metrópolis FM, 104.9. Podés escucharlo y además enviar tus opiniones, testimonios y consultas vía twiter, mensaje de texto (SMS al 1049, con la palabra piel, espacio y luego se escribe), de facebook, o correo electrónico ([email protected]).

Escrito por
Más de Equipo Eme

La Receta de Marian: Sandwich de pollo y palta

Exquisita receta de Marian la que cocina
Leer más