Historias de Piel: Los amores descartables

Lic. Ruben Campero*

A nivel de las relaciones afectivo-sexuales, los vertiginosos cambios de nuestra época parecerían colocarnos en inciertos y tensos lugares vinculares, que no logran terminar de concebirse más allá de la dicotomía pareja estable vs. sexo express.

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 Muchas veces se siente que las personas que se van conociendo deben ser clasificadas dentro de categorías tales como “el amor de mi vida” o “una historia más”, generando distintos grados de ambivalencia vincular, así como aterrorizantes dudas ante un/a “saliente”, cuando se intenta formular la pregunta “¿qué somos?”, sin poder evitar caer en estereotipos y modelos sobre lo que se supone una pareja es. Modelos las más de las veces signados tan sólo por el mito del amor romántico, así como por contratos de exclusividad sexual que justifican lógicas de control y de poder sobre la vida de otro ser humano.

El pánico ante el compromiso en una cultura que plantea que todo debería ser “rápido”, “cómodo” y sin tener que pasar por “aburridos” procesos de conocimiento mutuo, presentaría la idea de pareja como un espacio de enclaustramiento y poda de la posibilidad de “seguir experimentando la vida”, más aún cuando se constata que las generaciones anteriores con sus modelos de pareja para toda la vida, no fueron necesariamente más felices por cumplir con los mandatos.

De esta forma la pareja estable así entendida, se torna en algo asfixiante que dificulta explorar en otros auténticos, comprometidos, íntimos y posibles modos vinculares para estar con alguien de manera erótico-afectivo, sin tener que “huir” siempre a un sexo express o a una relación que constantemente le avisa al otro que no se quiere ir “más allá” de lo que se está viviendo. Generando de esa forma contratos verbales ambiguos que muchas veces se prestan para malos entendidos y conflictos, o que directamente hacen que la persona ni siquiera se despida cuando decide no continuar con esa interacción.

Si bien establecer vínculos significativos que involucren lo sentimental y sexual no tiene que darse a través del “caZamiento”, lo cierto es que la interpelación ética siempre está presente al establecerse una relación con otro, ese que merece respeto y consideración de sus deseos tan sólo porque es otro. Todo lo cual nos tornará responsables de lo que generamos en un vínculo, demandándonos el esfuerzo de la autenticidad en intento de lograr la menor cantidad posible de despliegues histriónicos

Si bien “comprometerse” con alguien no es algo obligatorio ni tiene que ver con “cumplir con lo que el otro quiere”, muchas veces el temor al compromiso no sólo hablaría del agotamiento de ciertos modelos vinculares, sino que muchas veces también revela un temor al contacto y a la intimidad con alguien. Más aún ante un clima cultural que ofrece pocas instancias de silencio para contactar con uno mismo y con los otros, de forma tal de mantenernos aturdidos y exaltados con el consumo de experiencias que dicen darnos placer inmediato.

Es esta supuesta necesidad de una satisfacción sin demoras, la que estimularía lógicas de consumo adictivo en la relación que se establece con las cosas y las personas. La dificultad para tolerar la frustración que toda relación conlleva, así como para detenerse a vivir un proceso que permita construir e inventar modelos de relación basado en el compromiso y en la libertad (más allá de lo que “duren”), haría creer que lo que se necesita es estar “colmado”, es decir “repleto”, sin que existan espacios internos en blanco o vacíos desde los cuales experimentar esa falta y carencia que estimula el surgimiento de los anhelos, y finalmente del deseo de estar con otro, sin pretender que ese otro venga a “taparnos los agujeros” desde un amor incondicional. Tal necesidad de estar colmado haría vivir un vínculo que va más allá del sexo express o de una situación que advierte todo el tiempo que no quiere compromiso, como algo que expone la propia vulnerabilidad, y que incluso puede inducir a experimentar “vergüenza” por desear y por querer vivir algo más íntimo con alguien.

“Marcar” a alguien como “propiedad privada” para “asegurarse su amor” no ha funcionado, al menos para la mayoría como alguna vez se nos hizo creer. Tampoco satisface (al menos a largo plazo) hacer del sexo una mera gimnasia cotidiana. Las relaciones “sin definición” por otra parte, siempre lidian con la paranoia del riesgo a transformarse en otra cosa de la que luego no puedan escapar, reforzando indirectamente un imaginario claustrofóbico de lo que puede ser un vínculo íntimo con alguien, más allá de “encajar” en un modelo prefabricado de pareja.

“Tocar” al otro desde lejos, en una suerte de “touch and go” que permite no responsabilizarse de lo que ocurre a nivel vincular, habilitando por tanto el “descarte” de amores que no resultan “cómodos”, podrá ser tomado como una experiencia divertida por un tiempo siempre y cuando sea en un contexto de mutuo consentimiento, pero finalmente no logrará satisfacer de manera integral nuestra ansia de tocar y de ser tocados. Un tocar(nos) que siempre presenta riesgos emocionales, pero que evitarlos a través exclusivamente del sexo express o del buscar “marido” o “esposa” para “tranquilizarse”, tampoco ayudará a encontrar dosis significativas de satisfacción (y mucho menos de trascendencia) en la relación con otro.

*Ruben Campero es Psicólogo, Sexólogo y Psicoterapeuta. Es además docente y autor de los libros: “Cuerpos, poder y erotismo. Escritos inconvenientes”, “A lo Macho. Sexo, deseo y masculinidad” y “Eróticas Marginales. Género y silencios de lo (a)normal” (Editorial Fin de Siglo). Codujo Historias de Piel desde 1997 a 2004 por Del Plata FM y desde 2015 a 2018 por Metrópolis FM y sus programas pueden verse acá. Podés seguirlo por las redes sociales de Historias de Piel o por su canal de YouTube “Ruben Campero”, Facebook, Instagram y Twitter.

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