¿Sabés lidiar con la culpa?

¿Cómo te llevas con la culpa? La tolerás, la ignoras o lidias con ella a diario. A través de una experta, exploramos el tema.

Muchas mujeres se sienten agobiadas por tener que llevar a cabo distintos roles a la vez –y a la perfección-. Esa carga de responsabilidades suele llevar a que todas sintamos eventualmente culpa. Si querés salir con tus amigas un sábado, pero trabajas toda la semana y no estás con tus hijos o pareja… aparece la culpa. Renuncias a la salida y te quedas con ellos.

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Eres súper responsable en el trabajo, pero un día amanecés con dolor de ovarios o de panza terrible. Necesitas descansar… pero tus compañeros de trabajo te esperaban para definir una nueva estrategia en el trabajo… aparece la culpa. Haces dieta toda la semana, el domingo te salís porque te provocó mucho esa torta de queso que hace tu mamá… Culpa…

Todos es algún momento de la vida se han podido sentir culpables alguna vez. Lo malo de esto está cuando el peso de este sentimiento bloquea el juicio y roba la tranquilidad interior de la persona. Entre las soluciones está deshacerse de todo el peso del universo que ponemos sobre nuestros hombros, ya que la culpa es un sentimiento que nos encadena a los errores del pasado, o un error que ya cometido no se puede borrar, pero si se puede mejorar. Quedarse con este sentimiento impide que se vuelva a retomar el vuelo.

Este sentimiento está muy ligado a la vergüenza, a la ansiedad y a la autoestima. A veces, es tan intenso, que perdemos la confianza en nosotros mismos y nos inunda una sensación de tristeza o de pérdida de control. Sin embargo, la culpa cuando se controla, nos ayuda a diferenciar lo que está bien de lo que está mal, renovando nuestro propio código de valores. Actúa como la guardiana de nuestra conducta y está vinculada a nuestro sentido de la responsabilidad.

Según la psicoanalista Sophía Behrens, “todavía padecemos las secuelas de los esquemas de cuando las mujeres no trabajaban. En los años 40, la psicoanalista Helen Dutch decía que las mujeres trabajadoras eran unas neuróticas”. Y en cierta forma es verdad, las mujeres trabajadores suelen caer en la neurosis, pero todo debe tener un control. Sos trabajadora pero también sos madre y sos mujer. Estos principios no se deben olvidar, necesitas tiempo para ti principalmente, para tus hijos y tu familia. No todo es trabajo, no todo es perfección y no se caerá el mundo si llegas a fallar una vez.

Cómo liberarse de la crisis

La experta Eme nos explica  que “la culpa está asociada a que la persona se responsabiliza 100% de cosas negativas”.

La mujer actual, que cumple cantidades de roles, a veces, puede sentirse culpable. Hay esquemas que dicen que para que un hijo sea funcional la madre tiene que estar siempre con él, y eso no es del todo cierto. Si una mamá permanentemente está detrás de él, protegiéndolo, puede darle aprendizajes negativos. Como por ejemplo que él no es capaz de resolver su propia vida, y generar así personalidades ansiosas y dependientes”.

La mujer puede desempeñar varios roles a la vez. Por un lado tenemos a la madre culposa que tiende a asumir las responsabilidades al 100%. Ella debe distribuir responsabilidades. Los hijos necesitan tiempo, pero no todo. Y por otro lado a la madre trabajadora que se mantiene modelando patrones de trabajo, responsabilidad, progreso y relaciones interpersonales que también son importantes para la vida del ser humano.

Lo esencial es que la mamá sea feliz y no viva frustrada. Ser ambas a la vez no es tarea fácil, porque no se quiere descuidar a la familia pero tampoco se debe descuidar los intereses personales, con un buen equilibrio puedes ser una mamá trabajadora y feliz, y olvidarte así de sentir culpa.

La psicoanalista Sophía Behrens hace las siguientes recomendaciones para manejar la culpa:

  • Evaluando qué peso tiene cada cosa y cuál es nuestra responsabilidad en cada situación. Funciona hacer una lista con los objetivos que quiero lograr y chequear con mi familia, y en mi trabajo, si lo estoy haciendo.
  • Establecer prioridades no debe ser visto como una renuncia, sino como una prórroga. Hoy no puedo hacer algo, bien sea por las exigencias de la familia o por el trabajo, pero no lo cancelo sino que lo pospongo para después.
  • A veces la gente se pone reglas muy estrictas. Lo importante no es si una madre llega a las 5 o a las 10 pm a su casa. ¿Qué importa eso si está el papá ahí? No tiene sentido si llega temprano, pero amargada. Mejor es una mamá satisfecha y compensada.
  • La solución no siempre está en tus manos.

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