Consideraciones sobre las instrucciones para criar hijos

Afanados por conseguir la receta para ser los padres que nuestras expectativas han elaborado como los modelos a seguir, leemos, buscamos, consultamos y perseguimos con la idea de dar con la respuesta a la gran interrogante que parece repetirse en todos los hogares: ¿lo estaré haciendo bien?

En materia de relaciones humanas es poco lo que nos enseñan en las aulas del colegio. Sueño con el día en que el currículo de toda institución educativa incluya temas como resolución de conflictos, conservación de amistades, ensayos de relaciones, dinámicas familiares y tantas otras con el mismo peso que hoy es considerado el estudio de las matemáticas, lenguaje o sociales.

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Pareciera que todo lo que sabemos de la vida no académica lo aprendemos con el ensayo y el error. Intentando y equivocándonos, ganando y perdiendo, hiriendo y perdonando, acertando y fallando. Pero en toda esta búsqueda, resulta que sí venimos a la paternidad y maternidad con un manual. Aquél que absorbimos siendo hijos y viendo a nuestros padres ejercer sus roles. Así mismo han hecho ellos viendo a sus padres y éstos a los suyos y así continúa la cadena hasta perderse en el tiempo de las generaciones de nuestros ancestros.

Hoy en día conseguimos instrucciones incluso hasta para regañar a nuestros hijos. Métodos de premios y castigos o de entrenamiento para que vayan al baño solos, duerman la noche entera o aprendan a comer. Pareciera que para todo hay un manual y si no lo conseguimos, ¡qué nerviosos nos sentimos! ¿Nos detenemos a cuestionarnos si esa vía que consiguió esa persona se ajusta a nuestras expectativas de crianza o aplicamos ciegamente sólo porque a alguien ¨le funcionó¨? Quizás lo que verdaderamente necesitamos es escuchar y tomar lo que se ajusta a nuestra realidad familiar confiando en nuestros instintos maternos y paternos que para algo están ahí.

Un manual para regañar o castigar podrá darte pautas desglosadas a manera de entrenamiento canino, ¿pero realmente te dará respaldo en tus heridas emocionales pendientes? Aquellas que laten en tu inconsciente y te motivan a negar acompañamiento amoroso, comprensión y empatía a tu propio hijo o hija. Más bien deberíamos mirarnos, aprovechando el reflejo que la crianza nos brinda, y sanarnos paralelamente mientras enseñamos a nuestros hijos que equivocarse es normal y que atenderse individualmente, es necesario.

Ojalá la próxima vez que recibas una receta para criar, puedas contactar con las necesidades de tu peque según su edad evolutiva y a partir de ahí, decidir el mejor camino que te de tranquilidad en tu rol y contención para tu hijo o hija.

Por Vida Gaviria, educadora y creadora de @modomama

Imagen: La Joven Madre, obra de Arturo Michelena, 1889.

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