Receta de Hummus con soundtrack para disfrutar

El hummus, es una crema, dip, puré o mantequilla –como quieran decirle- muy característica de la culinaria del Oriente Medio, hecha a base de garbanzos, unos granitos deliciosos y muy nutritivos que, convertidos en hummus, poseen poderes que previenen los desórdenes del colesterol y los problemas cardiovasculares, contribuyen al desarrollo fetal por su carga de ácido fólico y tienen un efecto antioxidante. Además proporcionan un montón de energía y activan la producción de serotonina para estar activos y felices.

Hay quienes sitúan su origen en el antiguo Egipto, otros opinan que esta receta es tan importante que podría limar asperezas entre los países mediorientales en conflicto (vean el documental Makehummusnotwar de Trevor Graham. (Si hacen clic aquí, podrán ver el trailer). Desde mi punto de vista, prefiero no adjudicarle la grandeza de la invención del hummus a un país específico, y otorgársela a la gran civilización del Medio Oriente, y de esta manera hago mi minúscula contribución a la paz tan necesaria en esa región.

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Hermoso es que podamos conocernos y lograr sintonizarnos con los demás a través del paladar y el hummus es una deliciosa oportunidad para lograrlo.

Ingredientes:
2 tazas de garbanzos cocidos.
2 dientes de ajo grandes.
Aceite de oliva al gusto.
El jugo de medio limón.
2 cucharadas de tahini.
Sal al gusto.
Pimienta al gusto.
Páprika en polvo al gusto.

Lo que tenés que hacer:
Lavá los garbanzos secos y colócalos en un bol cubiertos de agua durante 24 horas, tienes que esmerarte en cambiarles el agua por lo menos tres veces durante todo el proceso para eliminar cualquier amarguito que quiera colarse en tu preparación.

Luego los escurrís y los colocás (otra vez con agua que los cubra) dentro de la olla de presión, con sal y pimienta a tu gusto. Cuando ésta comienza a sonar, cuentas 15 minutos y apagas la preparación. Esperas a que escape todo el vapor y quitas la tapa con cuidado de no quemarte.

En la licuadora o en un mixer agregas los garbanzos con un poquitín del agua de la cocción. Además colocas allí la sal, pimienta, ajos, jugo de limón, un chorrito de aceite de oliva y el tahini. Licúa hasta formar una pasta suave; si te queda muy dura coloca un poquito del agua de los garbanzos.

Rectifica la sal y la pimienta, si quieres añadir un toque más ácido colócale un poquito más de jugo de limón.

Sirve en un plato hondo y agrega por encima un chorro de aceite de oliva. Espolvorea además con páprika. Lo usual es acompañarlo de pan pita, pero en casa lo comemos con pan, casabe y hasta con arepas.

Para mí es adictivo y es un plato imprescindible en reuniones sociales, además es una buena alternativa para aquellas personas que deben prescindir en sus dietas de la mantequilla, la mayonesa y todas esas delicias untuosas que suelen crear caos en nuestro equilibrio biológico.

Los trucos:

• El aceite de oliva es insustituible. Si lo hacen no te quedará igual y será menos nutritivo.
• El tahini es una pasta de ajonjolí. La consigues en supermercados y generalmente en establecimientos vegetarianos u orientales, pero también puedes prepararla en casa tostando semillas de ajonjolí y moliéndolas cuidadosamente hasta que se conviertan en una pasta. Yo hago trampa si no lo tengo: le agrego ajonjolí tostado antes de licuar todo.
• Para darle un sabor más fuerte, le agrego un poquitín de comino en polvo. Aunque no está en la receta original, me gusta el poder del comino en las cocciones de los granos, pero hay que ponerle muy poquito porque de lo contrario resultará incomible.
• Si te gusta el picante, coloca en la licuadora un diente de ajo adicional o una ramita de cebollín (cebolla larga).
• Esta es una preparación que puedes congelar para usar después. Yo suelo preparar mucha y dividirla en varios recipientes para ir consumiéndola de a poco.

El soundtrack:

Anna RF es un dúo (a veces trío) de música folk “positiva” procedente de Israel que en ocasiones también agrega dejos de reggae y de electrónica a sus trabajos. Usan, en su repertorio, instrumentos típicos de la región como la Kamancha, la Lafta y el Sazbush. Si quieren escuchar la dulzura divertidísima de sus ritmos entonces escuchen su tema MabrukSalam, una pieza con mucho de fiesta oriental. Pero si se deciden por algo más folk y tranquilo entonces oigan Lachin, un tema mucho más tradicional y puro que lo que hacen usualmente. A mí me encantan ambas propuestas y creo que son igualmente válidas y oportunas para celebrar la paz, una que tanto necesitamos en todos los rincones del mundo, sin distingos de razas, religiones y culturas. ¡Disfrútenlo!


Mónica Urbina es periodista y ama la cocina. Para ella la cocina y la cultura están tan estrechamente ligadas que dibujan la forma de ser de cada persona. Síguela en su cuenta en Twitter @autoktonus

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