Cosas que pasan: Una historia de amor

Por Jorge Bafico*

Voy a contarte una historia de amor que no se escribió ni publicó jamás. Se trata de una mujer que encontró en un hombre su salvación. Vaya uno a saber los misterios del porqué se conectan las personas entre sí. Se pescan del mar de sus significantes que les da un sentido. Ella lo escogió por ese valor superlativo que necesitaba. Lo eligió por su bondad.

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Se amaron.

Muchos años de matrimonio en armonía hasta que el Parkinson golpeó la puerta y el hombre comenzó un declive pronunciado. A los síntomas físicos, se agregaron los psíquicos. El desvalimiento fue la primera consecuencia de su enfermedad. La segunda fue el cambio de rol de su mujer que se convirtió en su enfermera. Lo hizo con devoción y aplomo, a tal punto de no necesitar a nadie más para que la ayudara.

Así la pareja se transformó en otra cosa, en un amor maternal. Era ella ahora quien se convertía en su salvadora. Se invertían las polaridades. La mujer también mostró que en el campo de sus valores la bondad era uno de los más presentes.

Poco a poco el marido se fue trasformando, producto de la enfermedad y pequeños cambios de humor fueron virando a momentos de enojo y hastío. No es fácil estar enfermo y desvalido, y sentirse una carga para un otro abnegado. La bondad quedó opacada por las desventuras que generan estos males imposibles de prever.

Ella también se fue apagando. Como si fuera una llave que se baja, su energía se esfumó por completo y un mutismo tristón la invadió. Se convirtió en una sombra de lo que había sido.

El hombre desesperado por el cambio de su mujer, pareció resurgir de sus cenizas y comenzó a cuidarla. La tomaba de la mano, le decía cosas tiernas y la rodeaba de besos parecidos a los que se dan los niños pequeños, aquellos que aún no están atravesados por las tragedias. Esos que aún pueden creer.
Esa primavera duró unas semanas, hasta que un nuevo empuje de la enfermedad lo fue extinguiendo. Sucumbió al olvido del instante, al resguardo de la nostalgia y a un mundo interior inaccesible. Pero lo más preocupante fue que poco a poco se fue alejando de ella.

Comenzaron a parecer dos extraños para el mundo, pero sobre todo para ellos. Finalmente una mañana de verano él no pudo luchar más.

Lo increíble es que dos días antes del fallecimiento, en un momento de lucidez ella anunció la partida de su marido a su familia. Sabía de alguna manera que él ya no estaba aunque aún respirara.

Dos meses después ella también partió. No quería vivir. Seguramente no se resignaba a perder esa bondad que añoraba. Y también dos días antes de la despedida final dijo que él la estaba esperando en un barco. Nadie la tomó muy en serio, como en la ocasión anterior cuando anunció la ida del marido.

Casi sesenta días después y aproximadamente a la misma hora de la muerte de su marido, ella también se fue. Lo extrañaba demasiado.
Embarcaron casi juntos a un lugar improbable, pero que todos deseamos que exista.

Ellos fueron mis padres.

Jorge Eduardo Bafico (1942-2019)
Amanda Alvarez (1940-2020)

 

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*Psicoanalista. Doctor en Psicología. Miembro de la AMP. Miembro del GLM, Profesor adjunto de la Facultad de Psicología, columnista de Abrepalabra.

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