Historias de piel: Esto es lo que tenés que saber sobre disfunciones sexuales

Lic. Ruben Campero*

Mujer: “Tengo 29 años y mi novio 26. Nuestras relaciones sexuales son muy buenas, solo hay algo que no nos complace a los dos y es que no logro orgasmos vaginales. Hace más de un año que tenemos relaciones y no he podido. Siempre termino estimulándome el clítoris con la mano para llegar, o de lo contrario él termina y luego me estimula a mí. O sea que el clítoris responde pero la vagina no. Yo siento que no se roza el clítoris durante la penetración”.

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Hombre: “Mis relaciones sexuales son satisfactorias, pero eyaculo una sola vez, ¿es eso normal?”.

Hombre: “Nunca tuve realmente problemas para lograr una erección. Pero hace ya varios meses que noto que no hay caso. Hay veces en que logro algo, pero no puedo hacer que el pene siga duro. Mi mujer dice que es porque estoy pesando 115 kg, encima, soy fumador. Ya no soy un pibe, tengo 49 años y hace poco me diagnosticaron diabetes. ¿Será que soy impotente? La verdad es que no me estoy sintiendo muy bien últimamente. Son tantas cosas, el trabajo, la plata, los chiquilines ya casi no están en casa… no sé qué es lo que me pasa.»

Mujer: “Mi pareja hace cuatro meses tuvo un aborto espontáneo y hace tiempo que no está con ganas de tener relaciones sexuales, cuando antes lo hacíamos muy seguido. No sé qué hacer para ayudarla, estoy preocupada por ella. A mí también me duele la pérdida, pero soy una mujer que mira para adelante y trata de ser optimista”.

Hombre: “Cuando estoy con una mujer por primera vez tengo el problema que eyaculo enseguida, pero luego, la veces siguientes, ya no me pasa, no sé por qué será…”.

Hombre: “Creo que soy eyaculador precoz. Ahora estoy en pareja y el tema del coito lo manejo usando preservativos que vienen con crema para retardar la eyaculación. El problema es que si mi novia me toca o besa el pene ya siento que eyaculo. Hace cuatro años que no estaba con nadie”.

Mujer: “Nunca he llegado al orgasmo en las relaciones sexuales. En muchos ocasiones he llegado incluso a fingir. Hoy por hoy es distinto. Él quiere que yo disfrute y a mi él me gusta mucho. Me ha dicho de tocarme, pero no me gusta eso. Me acuerdo de lo que decía mi madre: “asquerosa”. Era una palabra que usaba para las mujeres que hacían eso. La verdad es que mi familia es muy religiosa y nunca se habló de sexo en mi casa”.

Mujer: “Cuando tenemos relaciones sexuales con mi novio él tarda mucho en eyacular. Todo está genial durante los primeros 20 minutos. Yo llego al orgasmo más de una vez, pero luego me canso. De todas maneras sigo hasta que él llegue. No me animo a decirle nada, no quiero que se sienta mal”.

Hombre: “Este problema lo tuve siempre. Lo he ido manejando como he podido. A veces me masturbo antes, trato de pensar en otra cosa para no eyacular tan rápido, pero me es muy difícil aguantar, me pongo tan nervioso. Cuando voy a salir con alguien me paso todo el día pensando cómo hacer para aguantar. A veces lo mejoro con alcohol. Ahora estoy empezando una relación, me siento muy bien, es re buen tipo, me gusta mucho. Él aguanta lo más bien su eyaculación. Cuando me pasa, que es la mayoría de las veces, no dice nada, pero el clima se vuelve muy espeso. Es muy jodido ser un eyaculador precoz”.

Mujer: “Cuando llego al orgasmo tocándome el clítoris siento dolor, siempre me pasó, no sé a qué se deberá…”.

Hombre: “Mi pareja no se lubrica mucho cuando tenemos relaciones. Si volvemos a tener relaciones al ratito, le provoca ardor. No sé si serán las pastillas o por ahí una infección. Siento que siempre está un poco tensa en los momentos de intimidad”.

Hombre: “El año pasado no pude tener relaciones con una chica porque no logré una erección. Este año estoy saliendo con otra chica desde hace cuatro meses y todavía no he tenido relaciones por miedo a que me pase lo mismo. He hablado con ella de estos temas y dice que está todo bien, pero igual tengo miedo de que me vuelva suceder lo mismo. Es que estoy medio presionado al saber que mi novia es amiga de unas amigas de mi hermana. Nunca tuve problemas con este tema, siempre he tenido relaciones sexuales normales, pero esta vez sinceramente tengo miedo de no lograr una erección. Me pasa que si sé que me voy a quedar solo con mi novia me pongo muy nervioso”.

Las consultas hacen alusión a dificultades que en su mayoría pueden tener que ver con las disfunciones sexuales, las cuales serían aquellas manifestaciones que afectan una o varias de las fases de la respuesta sexual (deseo, excitación y orgasmo) y que en general son inhibiciones del funcionamiento o capacidad de respuesta física y emocional ante estímulos eróticos evaluados como adecuados, pertinentes y suficientes. Las disfunciones sexuales no son patologías, son justamente “dis” (en menos) funciones

Por otra parte, existen también otras disfunciones que se expresan ya sea en forma de miedos irracionales a situaciones sexuales o a través de contracciones involuntarias de la vagina ante intentos de penetración o por medio de dolores durante el coito.

Es de destacar que aún vivimos en una cultura que coloca al coito vaginal como sinónimo de relación sexual, estrategia política para continuar imponiendo como natural y como única manifestación sexual válida a la heterosexualidad reproductiva. Ello provocó (y aún continúa provocando) que desde el mundo científico se consideren disfunciones sexuales específicamente a aquellas dificultades que impiden la penetración vaginal.

Pese a esto, hoy sabemos que un comportamiento sexual inhibido será considerado disfuncional no por la posibilidad o imposibilidad de realizar un coito, sino más bien por la frecuencia con la que se manifiesta, las situaciones en las que aparece, el malestar que provoca y los factores que lo originan.

Es decir que las tan comunes inhibiciones ocasionales y pasajeras con relación al deseo sexual, a la erección del pene o lubricación vaginal, a no poder tener de vez en cuando un orgasmo o tenerlo antes de lo deseado, entre otras, no serán consideradas disfunciones a menos que se presenten de manera persistente durante un tiempo significativo y en situaciones que no lo justifiquen, y que además no se puedan explicar por la existencia de un trastorno psiquiátrico o psicológico mayor (como por ejemplo una esquizofrenia, una depresión o un duelo por una pérdida reciente)

A su vez, para que sea considerada una disfunción sexual, la dificultad, además de persistir en el tiempo, debe producir un importante malestar tanto en el sujeto como en la relación con la o las personas con las que se vincula sexualmente. Pero dicho malestar debe provenir de la incapacidad para expresarse en forma cómoda y espontánea de acuerdo a la propia singularidad del sujeto, y no del hecho de creer que se está incumpliendo con la forma normal de responder genitalmente o de tener relaciones sexuales.

Por otra parte la dificultad sexual, para ser considerada disfunción, tampoco deberá estar específicamente vinculada con los efectos de alguna droga o fármaco, o alguna patología médica, en cuyos casos será clasificada como “Trastorno sexual inducido por sustancias” o “Trastorno sexual debido a una enfermedad médica” por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana (DSM IV)

Las disfunciones sexuales pueden manifestarse de diversas formas; en función de estas manifestaciones, recibirán diferentes subclasificaciones: Una disfunción que ha estado presente desde que el sujeto adulto comenzó su vida genital activa será considerada primaria, en cambio se la considerará secundaria cuando dicha disfunción aparece luego de un tiempo de funcionamiento sexual satisfactorio para el sujeto y sus parejas. Por otra parte, se la clasificará como selectiva cuando la disfunción se manifiesta con determinadas parejas y no con otras, siendo no selectiva cuando aparece con cualquier pareja. Por último, una disfunción sexual será situacional cuando se manifiesta solo en determinadas situaciones y general cuando aparece en cualquier situación.

Todas estas subclasificaciones ofrecen importantes pistas para afinar el diagnóstico de una disfunción sexual, en tanto analizar la forma en que se presenta y manifiesta permite hipotetizar sobre los factores causales y desencadenantes que originan dicha disfunción y, a su vez, brindan la posibilidad de delinear estratégicas en lo referente a su abordaje terapéutico.

*Ruben Campero es Psicólogo, Sexólogo y Psicoterapeuta. Es además docente y autor de los libros: “Cuerpos, poder y erotismo. Escritos inconvenientes”, “A lo Macho. Sexo, deseo y masculinidad” y “Eróticas Marginales. Género y silencios de lo (a)normal” (Editorial Fin de Siglo). Codujo Historias de Piel desde 1997 a 2004 por Del Plata FM y desde 2015 a 2018 por Metrópolis FM y sus programas pueden verse acá. Podés seguirlo por las redes sociales de Historias de Piel o por su canal de YouTube “Ruben Campero”, Facebook, Instagram y Twitter.

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