Infidelidad ¿ahora qué?

Imagen: imujer

Luego que se descubre una infidelidad se crea una ruptura, la confianza se pierde, los celos se incrementan y ya no tienes la misma motivación por el futuro con esa persona. En ese momento empiezas a pensar si te hará feliz o si te hará sufrir. Puede que estés dudando sobre si tienes que perdonar o estás decidida a dejar la relación.

¿Qué hice mal?

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Preguntarte esto es importante, ya que te ayudará a ver si contribuiste a que tu pareja te engañara. Preguntale claramente si ya no se siente bien contigo o si ha dejado de amarte. Revisá si tus sentimientos hacia él siguen intactos o en ti tampoco hay amor. Si no hay proyectos en común, es muy difícil que tengan éxito como pareja. Los dos deben sentir respeto mutuo, por la relación y por lo que han construido. Eso de “él busca en otro lado lo que le hace falta en su casa” es una excusa barata. Si tu pareja te respeta, antes de serte infiel, buscará la manera de solucionar el problema. Si tú sientes que algo en él ha cambiado, pregúntale y hablen de ello.

Nada por obligación

Seguir en una relación por obligación nunca termina bien. Aunque ya tengan hijos, ellos no atarán a nadie. Una familia se forma para estar a gusto. Si vas a seguir con tu pareja para amargarse la vida, lo mejor es terminar esa relación. Más que hacerle daño a él, te harás daño a ti misma.

Se acabó

Para muchas personas descubrir una infidelidad es sinónimo de rompimiento, prefieren acabar con esa situación cuanto antes y evitar que la relación se convierta en una persecución. Si esta es tu decisión, pero aparecen otros problemas como agresividad o violencia debido a que el infiel no acepta dejar la relación, lo mejor es buscar ayuda profesional para alejar rápido a esa persona que un futuro puede lastimarte.

Una segunda oportunidad

Por otro lado, algunos están dispuestos a salvar la relación, ya sea por el amor, el tiempo, los hijos… en este caso se debe tener claro que la palabra perdonar tiene mucho peso. Si no lo aceptás jamás lo superarás y en vez de mejorar,  todo terminará más rápido, sin contar los días, meses o años de sufrimiento.

El consejo ideal es pensar en ti, qué querés y qué estás dispuesta a hacer. Lo más importante es que estés feliz, aunque es una transición difícil y a veces muy dolorosa, no podés sufrir toda la vida. Las decisiones tomadas con cabeza fría y a tiempo son las más fructíferas. No te aferres al dolor, al fin y al cabo hay millones de peces en el mar.

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