Historias de piel: estética, erotismo y el lucir sexy

Por Lic. Ruben Campero

La dimensión erótica de la sexualidad no sólo involucra el placer físico cuando se experimenta alguna práctica sexual, sino que también se relaciona con los significados estéticos y valorativos que le asignamos a los estímulos, para que resulten incitantes a nivel sexual.

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En ese sentido, entrar en la ruta del erotismo iría en la línea de sentir atracción por las particularidades de alguien o algo, pero también en lucir de forma tal que despierte la atención, admiración y/o deseo de otras personas, a la vez que comunique con un mayor o menor grado de ambigüedad seductora la receptividad para algún tipo de interacción sexual.

Lo que llamamos cultura erótica se conforma por toda una serie de tendencias y adminículos (tales como maquillaje, ropa, actitudes, objetos, formas de tratar el propio cuerpo, etc.) que cobran valor erótico de acuerdo a cada época y lugar, y que se constituyen en imposición cuando una determinada cultura (de las tantas existentes a nivel erótico) se autoproclama como la representante de lo que debe considerarse bello y atractivo de manera general.

En base a dicha cultura las personas vamos aprendiendo qué es lo considerado “sexy”. Un aprendizaje que moldea y masifica las formas de construir los deseos hacia determinadas cuerpos y estéticas, así como el tratar de incorporar una apariencia “sexy”, la cual no sólo permita disfrutar del juego de seducción con otros, sino que también asegure la pertenencia a un grupo aparentemente “selecto” como símbolo de éxito social.

La centralidad en el cuerpo como capital personal que se juega en esta época que le rinde culto a la imagen, ha venido determinando la idealización de una determinada estética corporal como la única forma posible de sentirse parte de esa ruta del erotismo, afectando seriamente la autoestima de la gente que no logra “estar a la altura” de esas expectativas.

A su vez los medios de comunicación imponen una determinada estética corporal, actitudinal y sexual (blanca, heterosexual, de clase media-alta, estereotipadamente masculina y femenina, etcétera), exhibiéndola como la forma consagrada de lograr la felicidad, con el objetivo de estandarizar y docilizar a un sujeto producido como consumidor, que acepte las lógicas existenciales que imponen el consumo y la mercantilización de la vida, a través de propuestas que logran anestesiar cualquier tipo de capacidad crítica.

La particular afectación que toda esta hegemonía de la apariencia ejerce sobre los cuerpos femeninos es por demás clara, y viene siendo denunciada no sólo por colectivos feministas, sino también por diferentes agentes de salud que evidencian la infinidad de patologías físicas y mentales que conlleva intentar apegarse a un modelo idealizado de estética erótica de la feminidad.

Por todo esto valdría reconsiderar las formas más singulares y particulares de producir estéticas eróticas, tanto cuando se intenta desear como cuando se intenta seducir, en el sentido de ampliar los significados que podría tener aquello de “lucir sexy”.

*Ruben Campero es Psicólogo, Sexólogo y Psicoterapeuta. Docente y autor de los libros: “Cuerpos, poder y erotismo. Escritos inconvenientes”, “A lo Macho. Sexo, deseo y masculinidad” y “Eróticas Marginales. Género y silencios de lo (a)normal” (Editorial Fin de Siglo).
Co-condujo Historias de Piel desde 1997 a 2004 por Del Plata FM y desde 2015 a 2018 por Metrópolis FM y sus programas pueden verse acá. Podés seguirlo por las redes sociales de Historias de Piel o por su canal de YouTube “Ruben Campero”, Facebook, Instagram y Twitter.