Historias de Piel: La juventud y el sexo

Lic. Ruben Campero*

“Juventud, divino tesoro…” versa el poema de Rubén Darío “Canción de otoño en primavera”, permitiéndonos conectar con esa idealización nostálgica que esta etapa de la vida inspira en mucha gente, y que a su vez forma parte de un imaginario social que ha pivoteando respecto a la juventud entre la exaltación positiva y la crítica negativa Un imaginario que hoy parece ver en la gente joven la manera ideal de ser y estar en el mundo, considerando el fenómeno de la “adolescentización de la sociedad” y el terror concomitante a envejecer propio de la cultura de la inmediatez y de la estética posmoderna.

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La palabra juventud viene del latín “juventus” y puede definirse como el período que va entre la infancia y la adultez. Según la Organización Mundial de la Salud entre los 12 y 14 años hablamos de pubertad. A partir de los 15 y hasta los 17 años asistiríamos a la adolescencia propiamente dicha, y ya desde los 18 y hasta los 32 años aproximadamente tendríamos el período llamado juventud adulta.

Cabe destacar que la referencia a la edad cronológica es algo muy relativo, ya que durante toda esta etapa se observan diferencias muy marcadas entre las personas si tomamos en cuenta lo socio-económico, lo étnico-racial, el género, la procedencia geográfica, etcétera, así como los aspectos particulares que hacen a cada singularidad, todo lo cual construye “juventudes” muy diversas.

Aún así, y considerando nuestra cultura occidental y el período histórico que nos toca vivir, podemos decir que entre la adolescencia y la juventud las personas en general suelen construir y afianzar aspectos referidos a la identidad y a la construcción del proyecto vital en lo referente a educación, trabajo, familia, como forma también de adaptarse a los mandatos sociales.

Si bien la sexualidad es una dimensión humana que está presente ya desde el momento del nacimiento (y seguramente antes), lo cierto es que el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios durante la pubertad, así como las características hormonales y psicológicas de la adolescencia y la juventud (que son asociadas con lo impulsivo, lo omnipotente, lo inmaduro y lo urgente), construyen la idea de una sexualidad juvenil que debe prontamente ser “intervenida”, en tanto se la concibe desde un aparente “riesgo” tanto para las propias personas jóvenes como para la sociedad toda, en base a las consecuencias sanitarias y reproductivas que la sexualidad en esta etapa conllevaría.

En ese sentido el historiador uruguayo José Pedro Barrán nos decía al respecto de esta sexualidad “peligrosa” de la juventud, creada con fines socio-políticos en el contexto del proyecto de construcción de una sociedad normalizada y “civilizada”:

“…El saber médico actuó en consonancia con estos nuevos hechos sociales y los fundamentó biológicamente… siendo la pubertad la edad del crecimiento y el gasto desusado de energía, era necesario controlar la nueva demanda que amenazaba la ´economía` corporal, la sexual… Este ser inventado, con deseo y sin capacidad biológica, era una naturaleza de por sí enferma que convocaba todos los cuidados y vigilancias de las autoridades sociales; policía, para impedir que penetrasen en los prostíbulos los que aun no habían cumplido 18 años; legisladores, para retrasar la edad legal del matrimonio que el Código Civil de 1868, con su ingenuidad todavía ´bárbara`, permitía desde los 14 años del varón y los 12 de la mujer; sacerdotes, padre y médicos, por fin, para poner al joven en guardia contra los atajos que el deseo inventaba cuando no le permitían hallar el sexo contrario: la masturbación, la polución nocturna, la homosexualidad…” (Barrán, 1999, pp. 60-61)

Si bien los y las adolescentes y jóvenes requieren un comprensivo acompañamiento por parte del mundo adulto para ir procesando los nuevos aprendizajes, entre ellos los sexuales, esto no habilita a que se justifique la vigilancia y el control sanitario-pedagógico compulsivo de las conductas sexuales supuestamente “impulsivas” y “bárbaras” de esta etapa, mediante mensajes negativos y hasta fatalistas sobre las consecuencias que el ejercicio genital de la sexualidad podría traer a nivel de la salud y lo reproductivo.

Hablar abiertamente con la gente joven sobre temas de salud sexual y reproductiva, estimulando a que entre ellos y ellas (considerando la importancia referencial que tienen los pares en esta etapa) circulen mensajes empáticos, habilitadores y no discriminadores, resulta una tarea por demás central que toda educación sexual integral debería tener como objetivo básico.

Una educación sexual que trascienda lo meramente informativo y prescriptivo respecto de las “conductas adecuadas” que se deben tener, y que logre correrse de meras advertencias sanitariamente policiales sobre los daños que acarrea la ausencia o mal manejo de medidas anticonceptivas y profilácticas.

Una educación sexual que integre también lo emocional y lo psico-corporal, así como las actitudes y los procesos en lo que tiene que ver con estimular a aprender, pensar críticamente y motivarse para modificar conductas de manera libre y responsable.

Una educación que en definitiva pueda abrir espacios para que la diversidad de voces que componen el colectivo de personas adolescentes y jóvenes (con todas sus intersectorialidades étnico-raciales, sexuales, de orientación erótico-afectiva, sociales, de identidad de género, etc.) puedan encontrar un lugar de expresión, y que no tengan que ser silenciadas en nombre una normalización o evangelización sexual que no hace más que ponderar una única mirada (la hegemónica) sobre esta etapa de la vida y las expresiones sexuales y de género que desde ella se manifiestan.

Referencia bibliográfica
– Barrán, José Pedro (1999). La invención del cuerpo. Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos. Montevideo: Banda Oriental.
– Campero, Ruben (2013). Cuerpos, poder y erotismo. Escritos inconvenientes. Montevideo: Fin de Siglo.

*Ruben Campero es Psicólogo, Sexólogo y Psicoterapeuta. Es además docente y autor de los libros: “Cuerpos, poder y erotismo. Escritos inconvenientes”, “A lo Macho. Sexo, deseo y masculinidad” y “Eróticas Marginales. Género y silencios de lo (a)normal” (Editorial Fin de Siglo). Co-condujo Historias de Piel desde 1997 a 2004 por Del Plata FM y desde 2015 a 2018 por Metrópolis FM y sus programas pueden verse acá. Podés seguirlo por las redes sociales de Historias de Piel o por su canal de YouTube “Ruben Campero”, Facebook, Instagram y Twitter.

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