Historias de piel: Sexo en grupo

Low section of woman with two men in bed

Lic. Ruben Campero*

El sexo grupal implicaría la actividad sexual más allá de lo individual (por ejemplo a través de la masturbación en solitario) y de la dupla, formato este último con el cual asociamos más habitualmente lo sexual al concebirlo como actividad placentera pero en términos de intimidad, contacto emocional y eventualmente con consecuencias reproductivas.

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A partir de una cultura que considera lo sexual como una actividad “especial”, “distinta” o “destacada” dentro de las actividades cotidianas de la vida (aunque la exponga todo el tiempo a través de los medios de comunicación y las interacciones sociales), hablar de sexo grupal implicaría tomar al sexo como mera actividad placentera y recreativa, cosa que muchas veces se siente como una banalización.

En el entorno de estas prácticas, que pueden ir desde tríos, intercambio de parejas, reuniones privadas, etcétera, suele circular el tema de lo festivo, de aquel espacio lejos de la mirad pública que se destina para la catarsis, para soltar las tensiones y los mandatos que vendrían en el hecho de sostener un comportamiento sexual de acuerdo a cánones morales de turno.

En ese sentido el sexo grupal rompería con algunos guiones sexuales que se suelen imponer como “normales” para lo erótico, tanto por ser hombre, mujer, persona trans, bi, homo, hetero, etcétera, descorriendo también al coito (en especial el vaginal) de ese supuesto lugar de paradigma normativo de lo que se supone se debe hacer en una relación sexual, viéndolo de esta manera como una práctica más de todas las que son posibles de realizar para obtener placer.

Debido a que solemos asociar el sexo como algo más íntimo y privado, y generalmente en el entorno de una pareja (o a lo sumo de una dupla), el sexo grupal se presentaría como algo más en clave pública, lejos de la presencia y exposición que requiere un vínculo íntimo, permitiendo que cada participante pueda sentirse más anónimo y posibilitado de realizar la práctica sexual que le surja y en el momento en que le surja.

La idea de unir siempre sexo y afecto en el contexto de una pareja, ha sido un mandato que más bien les ha sido impuesto a las mujeres que se vinculan sexualmente con hombres, ya que los hombres en general, si bien se lo invita a observar estas reglas, en los hechos pocas veces se han ajustado a ellas, en tanto fueron educados con un permiso y complicidad social de acceder a actividad sexual en cantidades y con diferentes compañeros/as sexuales, con el fin de construir y probar la correcta asunción de una masculinidad.

Muchas de estas actividades sexuales que son “toleradas” (incentivadas) socialmente en los hombres incluyen el sexo grupal, tal es el caso de ir “en barra” a un prostíbulo (o “ir de putas”), “levantarse” una “minita” o una “prostituta” entre dos amigos, exponer al celebrado en una despedida de soltero a que tenga coito con una trabajadora sexual mientras todos miran y aplauden, hacer alusión al “sueño del pibe” (supuesto deseo de “todo” hombre de tener sexo con dos mujeres a la vez) como algo general que puede ser mencionado en cualquier contexto en tanto alusión risueña a algo “evidente”, etcétera, etcétera, etcétera.

El sexo grupal pondría en jaque la supuesta separación existente entre sexo por afecto y en el contexto de un vínculo, y sexo como mera actividad recreativa similar a ir al cine, tomar mate con amigos, etc. Aspecto este que supuestamente escandalizaría a muchos, aunque esos mismos “muchos” (hombres o mujeres indistintamente) avalen complicemente, (se den cuenta o no de lo que hacen), todas las creencias hiper sexuales y cuantitativas relacionadas con los hombres y la masculinidad, en honor a la creencia tan difundida de que para ellos “todo bicho que camina va parar al asador”

Si recordamos el sexo sagrado que ha existido en las grandes civilizaciones de de la historia, y que hoy se registra en algunos grupos culturales, tendremos en cuenta por ejemplo la prostitución sagrada o las celebraciones de grandes orgías para invocar y/o halagar a los dioses y diosas. De esta manera se podrá observar que el sexo plural supo tener sentidos sagrados, así como también de liberación de tensiones por el mantenimiento de las represiones que implica la vida civilizada, tal y como lo muestra la exaltación de la carne que se utiliza para celebrar el carnaval.

Practicar sexo grupal requeriría de contratos claros para que nadie se sienta presionado a hacer algo que no desee, así como también para que pueda conocer cual serían las reglas que rigen ese juego de adultos que se elige tener.

*Ruben Campero es Psicólogo, Sexólogo y Psicoterapeuta. Es además docente y autor de los libros: “Cuerpos, poder y erotismo. Escritos inconvenientes”, “A lo Macho. Sexo, deseo y masculinidad” y “Eróticas Marginales. Género y silencios de lo (a)normal” (Editorial Fin de Siglo). Codujo Historias de Piel desde 1997 a 2004 por Del Plata FM y desde 2015 a 2018 por Metrópolis FM y sus programas pueden verse acá. Podés seguirlo por las redes sociales de Historias de Piel o por su canal de YouTube “Ruben Campero”, Facebook, Instagram y Twitter.