Apunte de cata: De colores, aromas y texturas

por Eduardo Lanza*

Las botellas de vino traen inscripta en su etiqueta de atrás, una descripción del mismo, pensando que el consumidor la leerá antes de comprarlo. Aunque se sabe que la compra se decide por otros motivos. El precio en primer lugar, el consejo de un amigo conocedor o el haberlo probado antes con gente que lo alabó mucho.

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Esta curiosa norma tan singular no la siguen otros productores de bebidas, que no sienten ni comparten la misma necesidad, de anunciar las virtudes del producto en el propio envase. No sucede con las cervezas, los destilados, los refrescos o los yogures. Al ser blancos, rosados o tintos es casi obligatorio que esta regla no escrita mencione su color y a veces se hace de forma poética para que la imaginación del comprador pueda entrar en acción.

En una botella de tinto puede leerse: “Rojo intenso con reflejos violáceos” o “Color púrpura intenso con matices violáceos”. De estas dos leyendas se deduce que el primero será más claro que el segundo, aunque también puede ser un anuncio de que el sabor del más oscuro será más intenso.

En cambio, en la de un blanco de precio medio dice: “Este Chardonnay es amarillo brillante e intenso, con tonos verdes bien marcados” y uno puede pensar si no sería mejor simplificarla, sacando lo del verde y amarillo, para recomendar algo así: En la copa lucirá atractivo y brillante como señal de su gran calidad.

Los aromas también se sugieren
Los vinos tintos comparten un aroma al que se le llama de frutas rojas. Es un término que no define, que no compromete y que saca de apuros al que quiere comentar un tinto fresco, vivo, en buen estado de salud y que no ha estado en contacto con el roble.

A veces cuando el vino sube de categoría, se debe afinar la puntería y la definición de su fragancia también debe dar en el blanco. Entonces se usan términos como aroma de moras, grosellas o frambuesas y como son frutas muy poco frecuentadas, es casi inevitable que uno quede perplejo frente a esta afirmación. El aroma de ciruelas también puede aparecer en los tintos dando por cierto que es una fruta roja, pero resulta que las hay blancas y también de dos colores: roja por fuera y blanca por dentro. Las frutillas son rojas pero se excluyen, porque no hay tintos que huelan como ellas.

En cambio algo bien diferente sucede con los blancos. Su abanico aromático es mucho más amplio. A menudo se simplifica para explicarlo y para ello se marcan tres perfiles: frutado, floral y herbáceo. El Chardonnay sin madera es ejemplo del primero y se asemeja al de una ensalada de frutas de peras, duraznos, ciruelas y manzanas, sin ananá ni frutillas.

El Torrontés se ubica entre los blancos florales, porque huele a rosas y violetas. El perfil herbáceo identifica al SauvignonBlanc por sus notas de pasto, espárrago y ruda. A los rosados se les atribuye aromas de frutas y flores, de una forma más general y menos específica, lo cual concuerda con su tercera ubicaciónen el ranking del prestigio, detrás de tintos y blancos.

La boca también existe
Esta norma no escrita establece además, anunciar las sensaciones que en boca aparecerán al probar el vino en cuestión. A veces con un introito más o menos largo como el de un Cabernet Sauvignon 2017 elegido al azar.

Comienza explicando que: “las uvas fueron cosechadas a mano en viñedos de más de 25 años de edad”, para luego detallar que: “el vino fue criado en barricas de roble durante 15 meses” y concluir de forma muy escueta: “Equilibrado y potente, para disfrutar ahora o guardar por 4 o 5 años más”.

Otros mencionan si los taninos son maduros y aterciopelados o si el final de boca es largo y placentero, pero en este ejemplo no fue así.

La pauta rige y se acostumbra a usarla mucho en estas latitudes del planeta. No sucede lo mismo en Francia por mencionar a un país líder en materia de vinos. Tal vez la razón radique en que por su larga tradición, los consumidores no necesitan ser informados desde la botella.

*Eduardo Lanza, Fundador de la Sociedad de Catadores. Es Ingeniero Químico y experto en vinos. Su pasión lo ha llevado a visitar terruños, descubrir cepas y probar las más variadas etiquetas. Escribe y enseña con el mismo placer que degusta un vino desde hace más de 20 años.

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