Apunte de cata: la uruguaya que es Nariz de Oro en España

por Eduardo Lanza*

Andrea Alonso Castaño nació y vivió su infancia en Montevideo, hasta que sus padres decidieron radicarse en Buenos Aires. Allá se fue junto a sus 14 hermanos y su adolescencia transcurrió del otro lado del charco. Al finalizar la secundaria comenzó a trabajar en el hotel Sheraton y llegó a ocupar el puesto de supervisora de banquetes.

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Ese cargo le posibilitó multiplicar sus contactos con las bodegas y sus enólogos y también, a participar de muchas catas. Así descubrió un mundo que la apasionó. Al cumplir 30 años emigró a España, donde continuó su formación hasta obtener en Alicante, el título de sommelier.

Hoy ejerce su profesión en Madrid en Compras del grupo METRO, que se dedica a abastecer de vinos al sector Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías). Su perfil en Linkedin describe así su puesto: Category Manager – Compradora de vinos y miembro del Comité de Catas de METRO Internacional, como experta y para proveer las marcas propias. Realiza la selección de vinos de España, Portugal y Nuevo Mundo (Argentina, Chile, EEUU, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica).

Un concurso muy destacado

En 2010 ganó el concurso Nariz de Oro de España. Un certamen que se puso en marcha en 1990 a instancias de don Luis Magaña, editor de la revista Vino y Gastronomía, quien postulaba que los sommeliers debían perfeccionarse y medir sus dotes olfativas. Para participar, los profesionales deben anotarse en una de las seis o siete ciudades donde se realiza la preselección. Madrid, Barcelona y Sevilla casi siempre están. Las pruebas consisten en acertar el nombre y el perfil de una bebida alcohólica servida en copa negra, que no permite ver el color. Sólo participa el olfato y de ahí su nombre.

En noviembre Andrea visitó Montevideo y participó en Avinate 2019. En una charla en Café Nómade contó de su vida y andanzas:

—Al llegar a España te radicaste en Alicante y allí cursaste la carrera de sommelier. ¿En qué año fue eso?
Llegué en el 2005, hice la formación en 2007, pero antes de recibirme y, gracias a mi experiencia en el Sheraton Buenos Aires, ya estaba trabajando en el departamento de compra de vinos para el grupo Metro.
—Preferiste trabajar en el sector comercial, a hacerlo en un restaurante asesorando de vinos a los comensales
Me encanta el servicio y atender al cliente me apasiona, porque me permite conversar de vinos, pero los horarios son todo un tema, van a contracorriente de todo el mundo y más en mi situación, que era la atender a un hijo pequeño.
—¿Cómo se dio, que siendo recién egresada, te decidieras a participar en el concurso la Nariz de Oro?
Fue algo raro como llegué a ese concurso. Un cliente y amigo que admiraba mi forma de identificar y comentar los vinos, me alentaba a anotarme. Pero yo me resistía, porque no me parecía bien competir contra colegas, que a menudo eran mis clientes. Sin embargo este compinche, Paco, me anotó y no tuve más remedio que concursar.
—¿En que consistió en esta experiencia?
Nos sirvieron en cinco copas normales las muestras de vinos y destilados. La enóloga explicó sus características y cada uno, libreta en mano, anotó toda esa información. Luego hicimos las catas correspondientes y seguimos registrando lo percibido en cada copa. Después salimos de la sala y al regresar —para realizar el examen teórico— teníamos servida una de las cinco muestras anteriores en una copa negra y debíamos identificarla por el olfato. Luego debíamos explicarle al jurado las características de esa muestra, de acuerdo a lo que la nariz nos decía y lo que antes habíamos anotado, cuando nos presentaron esas cinco bebidas.
—¿Qué sucedió cuando anunciaron que habías ganado?
—Cuando el jurado pronunció mi nombre no podía creerlo. Habían participado tantos colegas con más experiencia que la mía y yo era la ganadora. No podía creerlo, era algo surrealista. Es cierto que hice lo mejor que pude, que pasé unos nervios de muerte, se me hacía un nudo en el estómago y luego te ves ahí con un trofeo en la mano.
—¿Qué supuso para ti ser Nariz de Oro en España?
—Un antes y un después. Pasé de ser una profesional desconocida, a que me miren y reconocieran. Te preguntás ¿que pasa aquí? Si yo sigo siendo la misma simplota, que me gusta hacer bromas y divertirme. Cuando trabajo soy tal vez demasiado exigente y aunque recibí distintas propuestas continué en el grupo METRO, porque me siento muy a gusto en mi puesto. La diferencia fue y es, que desde entonces muchos colegas me llaman a catar con ellos y que de los concursos internacionales siempre me invitan a integrar los jurados.

Sin duda Andrea Alonso se destaca especialmente por su agudeza olfativa y así se lo reconoció el jurado en 2010. Más de 400 sommeliers participaron entonces en las diferentes semifinales realizadas en San Sebastián, Sevilla, Madrid, Valencia y Barcelona. Hoy, y como compradora de vinos en el grupo METRO, cada viernes ella sigue practicando y puliendo sus dotes, al catar junto a sus colaboradores, unas 50 muestras para destacar el puñado de ellas que serán compradas por el grupo METRO.

*Eduardo Lanza, Fundador de la Sociedad de Catadores. Es Ingeniero Químico y experto en vinos. Su pasión lo ha llevado a visitar terruños, descubrir cepas y probar las más variadas etiquetas. Escribe y enseña con el mismo placer que degusta un vino desde hace más de 20 años.

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